Desollamiento
Guarida de la Araña. Petra está como pez en el agua, ligera, sin pensamientos. Se mantiene abierta al lugar. El calor de los cuerpos hacinados y la maquinaria, una bocanada de éter en el aire. El dinero, la promesa de dinero y las cosas que el dinero puede conseguir que hagan las personas. Cuchillos. Pistolas. El peligro es como una carga estática.
"Él no es bueno para ti", dice ella, "y no es bueno para mí. Si lo entregas, seré feliz. Quieres que esté feliz, ¿no, Araña?".
La Araña refunfuña. "Muy bien. ¿Lo cogerás con vida? Debe tener almacenes de éter, y da igual lo que diga Variks, ese éter me pertenece…".
Está de acuerdo. Tiene lo que había venido a buscar, lo que prueba que la Araña realmente quiere que esta captura sea un éxito. Como regente, nunca sabe decir cuándo triunfa. Está continuamente reaccionando, tomando decisiones que solo serán evaluadas con claridad por los historiadores. Aquí, ella es la Ira otra vez. Se siente valiente.
"Trataremos el tema del éter cuando lo tengamos a él. Gracias por la información". Petra se pone la capucha y se vuelve a fundir entre la multitud.
Dos escoria negocian chatarra con fichas como cuchillos del tamaño de una uña. Los rayos de luz atraviesan las densas nubes de éter adulterado para formar líneas definidas que atraviesan los flecos rotos sin estandartes que llevan algunos de los caídos. Un desertor cabal, encorvado contra el muro en una amplia bolsa de presión, vende la ubicación de depósitos de armas de la Legión Roja por vetas de lumen en bruto. Petra se para un momento en el umbral. Mira atrás, al caos interior, con nostalgia. Desea que pase algo que le obligue a quedarse.
Sale a las sombras de la superficie.
Pronto se da cuenta, de forma tan clara como las visiones que a veces tiene, de que hay algo que se mueve rápida y sigilosamente más adelante. Mantiene el paso firme. Comprueba el cuchillo y la pistola.
"Quedamos muy pocos, Petra Venj".
La voz delata la dirección en la que está y consigue discernir algo entre el ruido de fondo: la capucha de una capa, la curvatura de los labios.
"¿Quién anda ahí?", pregunta desafiante.
Es un hombre. Sus movimientos son erráticos, envueltos por un ruido arrítmico que imita el caos de la naturaleza. Sabe cómo parecer algo natural: un montón que cae, el roce del viento.
"Petra… Ojalá pudiéramos volver a aquellos días…".
"¿Uldren?", dice entrecortada. ¡Está aquí! ¡Ha venido a tomar la regencia y a cumplir la voluntad de su hermana! Volverá a tener libertad para actuar, actuar sin la cruel deliberación y la angustiosa incertidumbre, la libertad para aceptar cualquier desafío en lugar de crearlos ella misma…
No. Debe de ser una ilusión. Es demasiado de lo que quiere. Busca con otros sentidos además del de la vista, en busca de algo que pueda reflejarlo en su mente. ¿Un desollador psiónico? ¿Una maga de la colmena?
"Ella te confió todo esto, a todos nosotros. Y lo dejaste a merced de la Luz".
Siente las intenciones de asesinato y sabe que están dirigidas a ella. Saca su arma y alcanza al objetivo más rápido de lo que un sonido puede ir de la mente a la lengua, pero su visión solo captura oscuridad.
Dos latidos lentos. Al ver que no llega ningún disparo ni cuchillo, empieza a retirarse.
Nada la sigue hasta su nave.