Un toque de elegancia
Conocí a Ada-1 en las semanas de preparación de la Aurora. Vino a verme a mi puesto y se mantuvo apartada mientras yo hablaba con un cliente. La veía por el rabillo del ojo: quieta, silenciosa y... puede que un poco nerviosa.
O quizá me lo imaginara.
Una vez que terminé con el cliente, le hice un gesto para que se acercara a mi mesa de trabajo. Lo hizo, se detuvo un momento para mirarme con mis telas y luego me preguntó: "¿La Aurora es una fiesta de los guardianes?".
Sonreí. Sabía por algunos de mis clientes habituales, los más cotillas, que Ada era nueva en las tradiciones de la Ciudad.
"La Aurora es para todos", le respondí. "Todos los que viven en la Ciudad y más allá, si quieren celebrarla".
Permaneció callada un momento, pensando. No sabía decir si era tímida o una de esas personas solitarias que prefieren el silencio. Fuera como fuera, no la molesté. Al final, hizo ademán de irse pero se detuvo para mirarme de nuevo.
"He visto tus patrones", dijo. "Tus paletas de color para estas fiestas. Tengo algunas ideas, si te apetece escucharlas".
Sorprendida, le pregunté por sus ideas de inmediato. Enseguida vi que tiene un sentido impecable para el color y el diseño. No le importó encargarse del proyecto de diseñar los shaders para la Aurora y fue una asesora tranquila pero de gran talento. Durante la semana siguiente, más o menos, pasamos muchas horas juntas, clasificando rollos de paño, comparando colores y pensando combinaciones. Si bien creo que se mostró reticente a intimar demasiado, me gusta pensar que comenzó a cogernos cariño, a mí y a la idea de formar parte de una larga tradición de la Ciudad.
Sé muy poco de Ada, excepto que vivió la Edad Oscura. Aquellos fueron tiempos terribles. Los guardianes no eran lo que son ahora.
Vivir una época peligrosa puede afectarnos de muchas maneras distintas. Algunas veces esas experiencias nos cambian para mejor; y otras, no. Después de todo lo que vio, Ada se hizo a la forma de vida que más le convenía y, poco a poco, ha comenzado a reconciliar esa vida con las vidas que ve que se llevan aquí, en la Torre y en la Ciudad. Eso requiere valor. Y lo admiro.