The Grimoire Archive
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III. La búsqueda

En el criptario, Ada-1 golpeaba impaciente el suelo con la punta del pie. "Entonces, ¿puedes hacerlo?". Rahool alzó perezosamente la mirada de su tabla de datos y frunció el ceño. "Qué pregunta tan ridícula. Pues claro que puedo. La pregunta es: ¿cuándo tendré tiempo para hacerlo?". Ada inclinó la cabeza. "No sabía que teníamos tiempo para la semántica". "No hay mayor deleite en la vida", respondió secamente Rahool sin dejar de teclear en su dispositivo. "Muy bien. ¿Cuándo crees que tendrás tiempo?". Mmm, Rahool se llevó los dedos a la barbilla. La afluencia de datos de Europa es considerable, además del habitual apoyo armamentístico a los guardianes. Por no hablar de la naturaleza vaga de tu pregunta…". El criptarca movía los ojos de un lado a otro mientras pensaba en la respuesta. "Como mínimo, entre dos y tres semanas". "Eso es ridículo. No puedo esperar tanto tiempo sin hacer nada", protestó Ada. "No me has entendido bien", respondió Rahool. "Yo no te he dicho en qué debes emplear tu tiempo". Ada apoyó las manos sobre el escritorio del criptarca. "Bien, ¿puedo buscarlo yo sola?". Rahool negó con la cabeza. "Solo tienen acceso a los archivos clasificados los guardianes autorizados, el personal de apoyo de la Torre y la Vanguardia. Y tú no estás en ninguno de esos grupos". Ada resopló con sarcasmo. "No digas tonterías. Cada semana veo por aquí al Nómada ojeando estos datos por gusto". "Eso no es… De ningún modo…", tartamudeó Rahool sonrojado. "Te aseguro que nunca se ha producido semejante infracción". Ada cruzó los brazos y Rahool añadió: "Y aunque hubiera ocurrido, un delito no justifica otro delito". Ada se inclinó hacia él. "Entonces, parece que no puedes ayudarme". Rahool se encogió de hombros. "No durante las próximas dos o tres semanas, como mínimo". Ada soltó un gruñido y salió enfadada hacia las imponentes puertas del criptario. El reflejo colorido de la vidriera de la entrada ya se dibujaba en sus hombros cuando Rahool la llamó. "¿Cuáles eran esos nombres que buscabas?", preguntó Rahool. "Henriette Meyrin, Yu Satou y Helga Rasmussen". Al escuchar el último nombre, Rahool arqueó las cejas. "Estás de suerte. Parece que compartimos intereses".