IV. Una mano guía
Ada se esforzaba por seguirle el paso a su guía elixni, que le hacía señas mientras atravesaban aquel laberinto angular en la penumbra del distrito elixni de la Última Ciudad. Las pequeñas ventanas y puertas abiertas que veía le ofrecían una breve visión de la vida de aquellos nuevos invitados: lavabos llenos de cintas de color morado, tarros de comida inidentificable que tintineaban al chocar entre sí mientras hervían en enormes ollas y padres que hacían rechinar sus mandíbulas mientras sus crías descansaban acurrucadas entre mantas colocadas con cuidado. A lo lejos, unos individuos rodeaban a un sirviente que emitía un leve zumbido.
La guía la condujo hacia un sótano. Ada la siguió a través de una cortina de algodón áspera y se detuvo en una habitación húmeda y cálida cubierta con retales de moqueta. El brillo de la Ciudad se colaba por la única ventana y la luz de las velas crepitaba en un amasijo de recipientes de cristal. En el centro de la habitación, había unos futones dispuestos en forma de semicírculo y, allí, un grupo de elixni descansaba escuchando las palabras de un individuo que estaba sentado en el suelo. El aire se llenó de clics guturales y gruñidos graves que sobresaltaron a Ada. Luego, entendió que la función había terminado porque la audiencia se dispersó y su guía le indicó que se sentara junto a la escriba.
"Tú eres la que va por ahí haciendo preguntas sobre Europa, ¿no? Y sobre la Casa de la Salvación", preguntó la escriba.
"Hablas nuestro idioma extraordinariamente bien", se sorprendió Ada.
"Crecí en un ambiente poco habitual", respondió la elixni. "Me llamo Eido. ¿Qué estás buscando, armera?".
Ada se sentó en uno de los futones, manteniendo una distancia prudencial con los elixni. "Estoy buscando información sobre las instalaciones de BrayTech en Europa".
"¿Y crees que nosotros la tenemos?".
"Sé que algunos de los vuestros desertaron de la Casa de la Salvación. Quizá ellos sepan algo".
Eido asintió. "Ellos saben muchas cosas".
"Una de mis predecesoras, una armera brillante, trabajaba en las instalaciones de BrayTech en Europa… Pero no sé mucho sobre lo que hacía allí".
"Ya veo", dijo Eido. "Siempre es por las armas".
Ada frunció el ceño. "Vuestra gente también se dedica a la forja de armas".
Eido suspiró. "Cierto. Y ahora, sorprendentemente, nuestros arsenales están unidos a la sombra de la Gran Máquina".
"Precisamente esa alianza hace que sea todavía más lógico que me ayudes", observó Ada.
Eido entrelazó las garras. "No te ayudaré porque no puedo. No he oído nada sobre los fundadores de tu Armería".
Ada bajó la mirada.
Eido inclinó la cabeza y miró a la exo. "Cuánta angustia. ¿Quizá se trate de algo más que armas, después de todo?".
Ada se quedó en silencio unos instantes. "He perdido algo, una parte de mí".
Eido asintió solemne. "Tus fraguas, ¿no?".
"Mi vida estaba conectada a la Armería, a las fraguas. Sin ellas, siento…".
"¿Que no tienes un objetivo?", Eido terminó la frase.
Ada negó con la cabeza. "No se trata de… No sé si puedes entenderlo".
Eido se rio con un gruñido gutural y un chasquido de dientes. "Nuestra historia está sembrada de estandartes de las Casas perdidas. La mayoría de nosotros hemos ostentado más de un color y nos hemos arrodillado ante numerosos kells, con la esperanza de que cada uno de ellos fuera el último". Se inclinó hacia Ada. "Los elixni entendemos muy bien la fluidez de los objetivos".
"La fluidez implica continuación", respondió Ada con un suspiro. "Pero, al parecer, mi camino está llegando a su fin".
Más chasquidos resonaron en las mandíbulas de Eido. "La Casa de los Demonios estaba acabada, hasta que Eramis la transformó. Mithrax era del Anochecer y ahora es de la Luz. Los caminos solamente se terminan cuando uno deja de andar".
Ada examinó a la elixni. "No esperaba que tuviéramos esta conversación".
"Para que este acuerdo funcione, lo mejor será dejar a un lado las expectativas", dijo Eido.
Ada asintió y miró la suave luz que se filtraba por la ventana. "Ya te he entretenido demasiado. Gracias", dijo. Se puso en pie y extendió una mano con gratitud.
Pero Eido le posó amablemente una garra en el hombro y le entregó una tabla de datos. La exo, confusa, examinó la pantalla rápidamente.
"Esto lo encontramos en los archivos de Bray. No es lo que andas buscando, pero quizá te ayude a decidir qué hacer", añadió Eido.
"Lo… Lo investigaré, supongo".
"Bien", respondió Eido. Ada se levantó y se puso la tabla de datos bajo el brazo. Luego, vaciló.
"¿Estás segura de que es buena idea darme esto? ¿Qué dirán tus aliados, si se enteran de que me estás ayudando?".
"Dirán que así es la unidad", respondió Eido alegremente.