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Rechazo

Petra ya ha planeado la bienvenida de Zavala al completo. Él dirá algo estentóreo que, aunque es técnicamente un saludo, Petra también interpretará como un reproche o condescendencia, o quizás una preocupación paternal. Petra sonreirá con suficiencia a Zavala, como si en realidad no le importara, para que sepa que no es nadie, un burócrata, muy por debajo de ser merecedor de su furia. Pero en ese mismo momento, una esquirla de hielo con cianuro de los confines de la nube de Oort penetrará las defensas devastadas del Arrecife y se estrellará contra Zavala a tal velocidad que este se convertirá en una delgada capa de líquido sobre el suelo, una capa de suciedad. Cuando el Espectro de Zavala empiece a reconstruirlo, Petra dirá suavemente: "No, ¡déjame a mí". Entonces, esgrimirá una fregona. La escotilla se abre. Cayde-6 entra de espaldas, hablando con Zavala: "Lo que quiera que hayas visto u oído, es peor. Esa gente necesita nuestra…". "Cayde". Petra adopta de forma medio consciente la distancia espiritual de Mara, su postura distante y despreocupada. Se atraganta y tose con fuerza contra el repentino dolor. "¿Has traído…?". Zavala entra en la habitación con una sonrisa y un obelisco de piedra de la Ciudad proyectado a través del sistema solar para invadir el espacio de Petra. Responde con educación a Cayde antes de volverse hacia ella. "El hecho es, Cayde, que la reina nos hizo un favor al dejar el Arrecife en el caos. Mientras los caídos estén aquí, matándose los unos a los otros, podemos reconstruir". Entonces inclina la cabeza hacia Petra. "Comandante regente. Me alegro de verte bien". "Igualmente, claro". Petra siente en su interior que la reina veía el Arrecife como un protector de la Tierra y sus habitantes, pero no tal vez el protector del Viajero. Todavía le duele escuchar a Zavala hablar abiertamente del Arrecife como una distracción. "Cayde tenía una propuesta", dice, "que quería que ambos escucháramos". "¡Sí, así es!". Cayde da brincos entre ellos, como una baliza que pretende distraer la furia termodirigida que hay entre Petra y Zavala. La caída de la Ciudad lo llevó a lo más profundo de su personaje más bromista, temerario y sin responsabilidades. Todavía no se ha recuperado del todo. "Es así, Petra. Estamos llevando a mucha gente solitaria de la Tierra a los brazos de la Ciudad. Conseguí hablar con Variks sobre la situación de ahí afuera y supuse que, oye, igual es el momento de que os incluyamos en esa idea". Se pone serio. "Quiero invitar a los insomnes del Arrecife a entrar en la Ciudad. Deja este lugar a Variks, a la Órbita Muerta, o a quien lo quiera. Esto es un infierno, Petra. No sobrevivirás." Los ojos de Zavala no se apartan de Petra. Arde con un magnífico y estentóreo poder. "¿Tiene la comandante regente el control suficiente sobre el Arrecife como para llevar a cabo una retirada?". "A pesar de tus esfuerzos, sí", espeta Petra y, entonces, de repente, no puede parar. Está demasiado furiosa, demasiado alterada por el dolor. "Por lo menos Cayde es lo suficientemente honesto como para saber lo que nos habéis hecho. ¡Cada casa de los caídos que destrozáis aparece en nuestras costas! ¡Cada dios de la colmena y cada tirano cabal que atraéis nos atraviesa para llegar hasta vosotros! Con razón ella no podía ni verte, Zavala. Has renegado de tu gente". Reprime el resto: cómo desearía que, hace dos mil y pico, cuando la Oscuridad tiró a la humanidad del pedestal de su Edad de Oro para hundirla en dieciséis siglos de barbarie, solo hubiese hecho un trabajo ligeramente mejor. Eso no lo que desea de verdad. Es su corazón roto el que habla. Pero vaya si habla alto. "Era una charlatana", dice Zavala con tranquilidad. "Luchaba en una guerra que solo existía en su mente. Y os arrastró a todos vosotros con ella. Cualquiera de vosotros que lo admita será bienvenido en mi Ciudad. Pero no daré acogida a ninguna de las conspiraciones que dejó a medias. Si vienes con nosotros, vienes a unirte a la Ciudad". No. No. ¿Dejar de ser del pueblo de la reina? ¿Dejar de recordar su promesa? "Tienes miedo", dice Petra al titán de los titanes. "Por eso ella nunca pudo confiar en ti. Vuelve con tu Viajero, Zavala. Gracias por tu preocupación, Cayde, pero el Arrecife tiene sus propios propósitos y lamentarías vuestra estupidez si los abandonáramos". "Petra…". "Son los propósitos", masculla ella, "que perseguía nuestra reina".