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Telic II

Fue la propia Mara quien estableció un acuerdo con la joven ahamkara, que escogió el sobrenombre de Riven, en honor a su anfitriona. Fue la propia Mara quien hizo acopio de voluntad y unidad para salvar a los insomnes de aquello a lo que ahora denominamos fórmula maléfica. Y es que existía escasa división entre la realidad-tal-como-es y la realidad-como-la-deseas. Confiaba en sus siglos de determinación y paciencia con el sinuoso camino por el que el río de métodos alcanza el océano objetivo. Bendecidos aquellos que pasan del absoluto egoísmo al altruismo. Aquellos que, en su más verdadero autoconocimiento, excluyen la posibilidad de engañarse a sí mismos, son despreciables. "Mara", la llama Uldren, hermano de la reina, "¿por qué me has prohibido hablar con la ahamkara?". "Ese secreto solo me corresponde a mí", le respondió la reina Mara. Sabía que su hermano solo había aumentado la brecha entre su el-que-es-y-fue (denominado NUME) y su el-que-sería (denominado CAUST). "Márchate al mundo exterior, es donde te necesito". Ese fue el momento en que Sjur Eido, tras hablar con Kelda Wadj y Esila, al fin se presentó ante la reina. Conforme se arrodillaba dijo, "Majestad, Kelda Wadj dice que eres una diosa, dado que no hay diferencias entre tus deseos y realidades. No obstante, soy consciente de que deseas cosas antes de que estas se hagan realidad. Esila dice que guardas un secreto que tu hermano nunca ha de descubrir. Creo que el secreto es el siguiente: ahora eres una diosa, dado que un día te convertirás en una, y una deidad no es un estado temporal. Tu hermano no es un dios porque nunca llegará a convertirse en dios. ¿He de venerarte?". "Sjur", dijo Mara, conforme se arrodillaba junto a ella y rodeaba su querido rostro entre las temblorosas manos, "el día que me veneres no podrás quererme nunca más, pues venerar supone rendir pleitesía, y no puedo querer a quien no ejerce poder alguno sobre mí". En ese instante, la ahamkara se arremolinó en torno a su cuello, bostezó y enseñó las fauces, pues había una fisura entre lo-que-era y lo-que-se-quería. "Entiendo", respondió Sjur Eido. "Entonces, para mí aún no eres una diosa". Aunque con el tiempo el conocimiento de lo que Mara se convertiría las separaría, se trató de un distanciamiento alegre y amable, pues una amiga podría necesitar una compañera querida de cara a la distante oportunidad que se iba a presentar. Y los días que pasaron juntas fueron de los más alegres.