TAXIA
"Así", dice Safiyah y rodea con el hilo su dedo índice. Él sujeta las agujas con demasiada fuerza, así que apoya una mano suavemente sobre sus nudillos hasta que él los relaja.
Se sientan juntos delante del hospital. Safiyah le enseña a tejer bajo el sol primaveral.
"Esto es complicado", dice él.
"Solo si no prestas atención", responde ella. Sus miradas se encuentran un instante. Ella aparta la suya, sonriendo, hacia el cielo vespertino.
"Mira", dice con la respiración entrecortada. Hay columnas de humo en el horizonte. Los dos se levantan de inmediato, Zavala desenreda torpemente los dedos del hilo.
El humo mancha el cielo. Caídos o señores de la guerra. Han encontrado nuevas víctimas. Safiyah mira la creciente y sombría determinación en el rostro de Zavala, luego se dirige a la tienda del hospital para recoger su material.
Suena una sirena en el campamento cuando Safiyah sale de la tienda. Se dirige hacia las puertas donde los Señores de Hierro se preparan. Zavala la coge del brazo.
"No pensarás venir con nosotros, ¿verdad?", dice. Se pone serio al ver que esa era su intención.
"Hay gente en peligro", dice ella.
"No es seguro".
"Por eso debo ir".
"Al menos, espera a que hayamos asegurado la zona".
Safiyah se suelta y sale por la puerta antes de que él pueda impedírselo.
Los caídos han emboscado una caravana. Safiyah corre a través del humo negro que sale de un vehículo volcado, cuyos restos aplastan las flores de primavera. Safiyah se acerca con prisa a una mujer agachada detrás de un vagón, con una herida sangrante en la sien. Un hombre yace en el suelo tras ella, agarrándose el estómago, le cuelgan las entrañas. Un escoria se abalanza hacia ellos y Safiyah le clava un cuchillo en el cuello.
Zavala lidera el ataque contra la caravana. Los caídos, intercambiando chasquidos entre ellos, dirigen su atención a los atacantes. El sonido de las ráfagas de energía solar llena el aire.
Zavala corre junto a Safiyah para interponerse entre ella y un capitán que alza una lanza de arco para atacarla con la que atraviesa el pecho de Zavala. Él escupe sangre, cae al suelo y queda inmóvil. Safiyah grita horrorizada. Pero coge el arma de Zavala y la levanta justo cuando el capitán se abalanza sobre ella.
Le dispara tres veces en el pecho y la garganta. Escupe mientras el éter se desprende de su cuerpo. El cadáver se desploma sobre ella. Lo aparta de un empujón.
Targe eleva a su guardián caído y, con una gran bocanada de aire, Zavala renace una vez más. Verlo la sobresalta, un hombre resucitado. Él ve al capitán muerto en el suelo.
"¿Estás bien?".
"Sí", contesta con voz temblorosa. Safiyah mira al desafortunado que no volverá a renacer y a la mujer que llora a su lado.
Tras el ataque, Safiyah oye el llanto de un bebé. Se pone en pie inmediatamente, busca entre los escombros y encuentra a un hombre muerto, acurrucado junto a un bulto que se retuerce. Gira el cadáver que todavía sostiene al bebé con tanto cariño y firmeza que Safiyah tiene que romperle los dedos para sacarle al niño. Se lleva al niño contra sí, le sostiene la cabeza con cuidado y el niño se calma.
Safiyah rompe a llorar. Por el bebé que tiene en los brazos, por el hombre que lo sostenía, por el olor a sangre y a éter. Por todos aquellos que no ha podido salvar. Llora suavemente y se estremece. Siente cómo Zavala le apoya la palma en el hombro y le acaricia la espalda para consolarla en silencio. Suspira y lo mira.
"Nosotros lo cuidaremos", dice Zavala y ella asiente.
Vuelven a casa con el niño. Safiyah lo alimenta, lo baña. Zavala sonríe y sostiene al bebé en brazos. El niño estira sus pequeñas manos hacia él y lo mira con unos grandes ojos marrones.
"Necesita un nombre", dice ella. Se queda pensativa y recuerda con cariño a su padre.
"Hakim", declara. Y ese pasa a ser su nombre.
***
Hakim crece. Pasan los meses y llega el verano, las cigarras cantan. Zavala visita a Safiyah cuando puede y ella calma los llantos de Hakim cuando Zavala se va. Los recursos escasean. Lo hacen lo mejor que pueden.
Por las noches, Safiyah estrecha a Hakim contra su pecho. Siente su respiración.Le besa los rizos de su cabecita. Zavala está a su lado, con una mano sobre su cintura.
Las cigarras cantan, ella le indica a Zavala que las escuche. Las cigarras cantan.
"Los antiguos griegos creían que estos insectos vivían para siempre", dice ella. "Porque renacían cada vez que salían de la tierra".
Zavala los rodea a los dos con sus brazos.
"Pasaron 17 años bajo tierra. Casi se extinguieron. Luego, el Colapso… y ahora vuelven a prosperar".
Ella le hace carantoñas a Hakim.
"Lo llevaré al pueblo de mi hermana", dice. La expresión de Zavala se relaja.
"Iremos los dos", contesta y ella sonríe. Así es como se lo dice.
Al día siguiente, Zavala habla con Saladino. Cuando vuelve a encontrarse con ella ya no lleva el colgante con el sello de los Señores de Hierro.