La historia del ermitaño
Los hechiceros debaten.
Los cazadores chismorrean.
Los titanes comparten información crucial para la misión.
Los hechiceros reflexionan sobre si la primera vida de Albios fue antes o después de su resurrección en la Luz. ¿Tuvo cinco vidas o seis? ¿Fue además insomne, lo que haría un total de siete? ¿Era exo, con un contador infinito antes de renacer en la Luz? ¿Qué papel jugó su Espectro en sus vidas y sus muertes? ¿Y el del Ahamkara al que se enfrentó? Estas son las preguntas que se oyen en voz baja en las salas de estudio de la Torre y en voz alta en los campos de prácticas.
Los cazadores hablan sobre las reliquias de sus vidas. ¿Dónde está ahora su farol? ¿En Ío, con su monumento? ¿En el fondo de un pantano de Venus? ¿Protegido en un cofre del tesoro? Al menos seis cazadores afirman conocer la ubicación del farol. Los conocidos de Albios que siguen con vida no confirman ninguna de estas ubicaciones.
Los titanes honran su pérdida como cualquier otra debilitación de la Luz. Pero, para aquellos que recuerdan la Gran Caza, sus vidas son una advertencia. ¿Hizo Albios un trato imprudente? ¿Un dragón de los deseos se comió su Luz? ¿Sigue vivo ese Ahamkara, devorando portaluces? Son preguntas que Albios y su Espectro ya no pueden responder.
Quienes portan el signo del farol lo hacen en honor a un hechicero cuyas vidas cambiaron la Luz. Y como recordatorio permanente de la vigilancia que deben mantener.