The Grimoire Archive
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VII. Mente-cuerpo

Mi primer pensamiento cuando despierte: cómo contarle a Chioma lo que ha pasado. ¡Qué ilusión! Le fascinará cada aspecto; entrar en el Velo fue como desnudarme existencialmente, extraerme deliberadamente de mi materia, desprenderme de mi cuerpo y sumergirme en un pozo infinito de pensamiento colectivo. Le deleitará cómo fui capaz de sobrevivir, a flote gracias a incontables hilos de conexión y conciencias universales, cómo surqué la cresta de la ola, cómo me mantuvo constante, sin perderme, cómo me separé y me distinguí de la gravedad del colectivo inconmensurable. Estará tan orgullosa. Vendrá conmigo una segunda vez. Recorreremos los mundos juntas y enamoradas. Neptuno puede esperar. Cuando choqué con los ángulos familiares de la Red Vex, quedé fuera del alcance de los hilos del Velo…, ¿no? Sí, así es. Cuando la encuentre, debo asegurarle que sigo siendo yo. Todo era tan tentador allí, pasar de los recuerdos de un ser que se lamenta en rachas inconexas de radiación al canto fúnebre de todo un planeta. El universo es consciente, está vivo, y yo llegué tan lejos en sus aguas revueltas que, durante un tiempo, me preocupaba que mi voz se diluyera en el coro. Pero conseguí mantenerme unida gracias a la única convicción que me quedaba; que soy la verdadera. Que aunque sentí innumerables misterios en ese sitio sin forma, seguía siendo la misma Maya. Incluso en un universo infinito, siempre fui única. Una sensación, un impacto, la presión, el contacto. No sé con seguridad si tengo manos, pero la parte de mí que existe está tocando un objeto. Me ha despertado. Soy yo. Y tengo que INCORPORARME. Todo es fluido, pero el deseo de levantarme empuja la parte de mí que decido que es mía hacia arriba, hacia delante. No tengo ojos ni corazón, pero tanteo mis bordes y los percibo infinitos, una inmensidad líquida que se sumerge en las costuras del planeta. Desconcertante. Intrigante. Parece que vuelvo a ser materia. Recuerdo a Lakshmi-2, una hermosa y falsa maqueta, y guardo su memoria mientras me aferro al objeto que tengo en la mano. MOLDEADME UN CUERPO. Mi contorno se condensa. Defino mi silueta, mis extremidades, mis dedos —lo poco bueno que tenía un metro y medio con ardor de estómago por la noche y el colesterol alto—; mi cuerpo ahora es un mar inmenso y perfecto. Mientras formo mi cuello, levanto el objeto en mi mano, que, a su vez, toma forma. Es un manto, un premio. Noto mi cuerpo nuevo, en mi interior siento un familiar retorcijón ácido, la amarga leche de los vex, e intento purgarla. "NO SOY VEX", asevero, y escapan de mí como la bilis. Lo que me queda es un androide exo, un manto en el cuello y una nueva voz en mi subconsciente. Termino mis ojos y veo la corriente de leche inerte a mis pies. Estoy indemne, pero sigo sin ser vex. Me doy cuenta de que responden a mis órdenes; mi mano está en el manto que rodea mi cuello. "DECIDME CUÁNTO TIEMPO HA PASADO DESDE QUE ENCONTRÉ A LOS VEX". Lo hacen a través de los vex que están a mis pies; lo susurran de manera totalmente inteligible. El número es colosal. Empiezo a asustarme. Es imposible, y mi primer pensamiento es sobre ella, ella… "DECIDME DÓNDE ESTÁ CHIOMA ESI". Tras buscar, dicen que la mujer en cuyas manos está mi corazón lleva en su sepultura cientos de años. Furiosa, les digo que se mutilen entre sí. A mis pies, la leche bulle con violencia. Mi Chioma no moriría de una forma tan mundana. Mi Chioma vendría a buscarme, mi Chioma sigue aquí. Mi amada no puede estar pudriéndose en una tumba. El mundo está roto. El tiempo se ha partido. Chioma, mi mundo, mi vida, no puede estar muerta. Debe haberse unido de nuevo a la Red Vex; me habría buscado en ella, entre cientos de copias nuestras, hasta encontrar mi versión VERDADERA, SU Maya. Y yo también la buscaré. La amo, podría distinguirla en la oscuridad de una cueva y cegada por el brillo de un sol. Es única en todos los aspectos, sublime y sin mácula. Sé que la verdadera Chioma aún está viva. "CONSULTA PRINCIPAL: ENCONTRAR A LA VERDADERA CHIOMA ESI", ordeno entre lágrimas. Está en algún sitio, buscándome. Encontraré a la Chioma a la que ya amo. Lo sé. Lo sé.