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VIII. Como en casa, en ningún sitio

Durante el día, el Salón de los Héroes es un lugar bullicioso. Los neomuni que van en avatares móviles se reúnen en grupos y murmuran bajo la banda sonora ambiental escogida personalmente por Quinn Laghari. Incluso pasadas las horas de visita, el salón no está del todo en silencio. Se escucha a los poukas susurrar entre el follaje como el agua susurra en los estanques. Y Osiris camina de un lado para otro sobre la moqueta, evitando el monumento a Saguira. Se oyen nuevas pisadas en la distancia. Osiris se gira hacia el estanque. Los pasos suenan rápidos, impacientes: es Nimbus. Afloja el paso mientras sube las escaleras del salón. "¿Osiris?". Un montón de hojas atasca un desagüe. Osiris lo contempla. Nunca ha preguntado quién limpia los estanques de poukas. "Es tarde. ¡Pensaba que ya habrías terminado por hoy!". La voz de Nimbus produce un animado eco metálico en el alto techo. "Sí. He terminado". Le ha enviado su informe a la Vanguardia. Ikora tardará un tiempo en contestar. Osiris debería aprovechar la oportunidad para descansar. "Pero aquí sigues, ¿eh? ¿Todo bien, viejo pájaro?". Nimbus se alza imponente sobre Osiris. Para que no le dé tortícolis de mirar hacia arriba, Osiris comienza a caminar de nuevo. "Estoy pensando en la Voz Cantante. En lo que hemos descubierto". Nimbus pasea a su lado; uno de sus pasos equivale a tres de Osiris. "¿Quieres hablar de ello?". "Pues la verdad es que no". Es algo de lo que no le gusta hablar con nadie, salvo con Saguira, su segunda mente, su otro corazón. Le falló, igual que a San. "Oh, ¿estás seguro? Todos dicen que una carga es más fácil de sobrellevar cuando alguien te ayuda a soportarla. Y yo soy bastante fuerte". Nimbus flexiona el brazo para demostrárselo. No parece que tenga prisa por marcharse y, exasperado, Osiris levanta la mirada y ve cómo le guiña uno de sus enormes ojos. Los dos han pasado mucho tiempo juntos, primero investigando la atadura y luego la historia de Maya Sundaresh. Nimbus se merece su honestidad. Osiris cruza los brazos y refunfuña mientras mira hacia las luces. "Yo… Después de perder a San, traje a otra versión suya de vuelta al mundo. Fui egoísta. Le hice a San lo que Maya Sundaresh le hizo a Chioma Esi". Bien, ya está dicho. "Ojo", dice Nimbus. "Eso es un lastre bastante gordo, amigo". Esperar a que dé su opinión resulta angustioso. San está en casa, en la Torre, dándoles de comer a sus pájaros, preparándose para gritarles a los guardianes que luchan a través de un micrófono, probablemente volviendo a cambiar de sitio todos los libros de Osiris. Y Osiris está lejos de casa, equivocado y rogando un poco de comprensión. "Vale", Nimbus arrastra las palabras mientras procesa la idea. "La Voz Cantante ha estado sacando versiones de Chioma de la Red a mansalva, ¿no? Y, además, matándolas". "Sí". "Y, cuando San desapareció, fuiste al Bosque Infinito a buscarlo. Y eso podría haber terminado fatal no solo para ti, sino también para el mundo entero". "Sí". "Vale, pues igual soy yo", termina señalando Nimbus. "Pero… Maya encontró a su pareja, ¿no? A montones de versiones de ella. Y, bueno, las hizo papilla. Y tú fuiste en busca de San, y lo trajiste de vuelta a casa". Nimbus habla más despacio, intentando llegar a una conclusión. "¿Qué habrías hecho tú si hubieras encontrado a San y él te hubiera dicho que gracias por venir, pero que no, que está genial donde está?". ¿En ese momento? Osiris estaba seguro de que se habría quedado discutiendo con San hasta morirse de hambre. Saguira habría tenido que resucitarlo, y lo habría hecho de nuevo. Hasta entender el razonamiento de San. Los pasos de Osiris lo llevan hasta el monumento a Saguira. Su fría carcasa mira hacia arriba, pero aquel ojo hace tiempo que no ve. Menuda bronca le estaría echando ahora mismo si lo oyera. "Supongo que lo habría dejado allí". Si eso hubiera sido lo que quería realmente. San-14 era famoso por tener la cabeza muy dura; lo conocía bien. Nimbus vuelve a alzarse sobre Osiris. "Yo diría que trajiste a San de vuelta porque lo echabas de menos a él, no… a ti mismo. Lo que San podía decir de ti. Creo que es bastante diferente". Están juntos. Nimbus observa el monumento de Rohan. Osiris debería llamar a San; debería volver a la Torre. Ya ha pasado bastante tiempo lejos de casa. "Los surcanubes no tenemos muchas oportunidades de encontrar el amor", admite Nimbus con melancolía. Sus ojos, que se reflejan desenfocados en el monumento, se llenan de lágrimas. "Tu historia es muy romántica. ¿Cómo habéis conseguido San y tú que funcione durante tanto tiempo? ¿Qué puedo hacer para encontrar algo así?". Para Osiris, que le pidan consejo amoroso le produce un pánico que ni siquiera los vex podrían predecir, pero, ante esos ojos brillantes, es incapaz de ignorar la pregunta.