The Grimoire Archive
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Entrada VII

De la mente de Match, consejero Sombra del verdadero emperador. A bordo del Leviatán, atravesando una zona de hambruna. Hoy lleno la copa en Y de litio, para que a mis ancestros nunca les falte el metal. Cada uno de mis pensamientos y mi empeño son para mi emperador, Calus, soberano pasado y futuro. Llevamos tanto tiempo ocupados que he descuidado este diario, pero ahora estamos cruzando un lugar asolado por el hambre, un descampado calcinado en el oscuro bosque galáctico, y dispongo de tiempo para pensar. Puede que este sea el motivo de que el emperador haya acudido de nuevo a mí. Los facsímiles robóticos que fabrica se parecen inquietantemente a él... o al Calus que recuerdo. Estoy convencido de que su aspecto verdadero ya no es el del emperador que conocí. Quizá ya no sea más que una boca que sonríe, se carcajea y come lo que le apetece… Pero he decidido creer que sigue teniendo un alma. ¿Por qué, si no, iba a venir a mí? Tiene que ser porque le preocupa lo que pienso de él. Cuando se sentó a mi lado en el sillón del observatorio, intenté discernir la construcción de su cuerpo mecánico, pero su presencia era tan apabullante como mirar al sol. "¿Sabes dónde estamos?", preguntó. "En una zona de la galaxia que fue colonizada hace mucho tiempo", dije, cerrando mi ojo interior ante su brillo cegador. Una estrella, me sorprendí pensando, es una explosión que no consigue escapar al apetito de su propia gravedad. "Un reparto de supernovas muy poco afortunado dejó esta zona con escasez de metales y ahora no queda nada más que estrellas tenues, mundos muertos e hidrógeno". "Un lugar de pobreza", sugirió. "Un cementerio". "Hablas mucho de la muerte, majestad". "El conocimiento de la muerte es la clave de la felicidad". Dio unos golpecitos en el banco que estaba a su lado, como echando en falta a un amigo desparecido. "Mira al exterior. Imagina los billones de seres que vivieron en esas estrellas. ¿Crees que algunos fueron felices?". "Quiero pensar que sí". "¿Por qué, Match? ¿Por qué algunos fueron felices y otros desgraciados?". "Quizá tenían más metal", sugerí con sequedad. "¡Exacto!". Aplaudió, complacido, y casi me tira al suelo. "La felicidad es comparativa, Match. Si un hombre rico viviera junto a una mujer que posee diez veces más riquezas, él nunca estaría satisfecho. Ni aunque se casasen. Se sentiría pobre al mirarla. Hasta las satisfacciones más básicas de nuestra biología exigen un contraste: la ausencia de sed, de apetito, de soledad". "Esa es la filosofía de un niño, majestad", protesté. "¿Necesitamos dolor para conocer el placer? ¿Necesitamos perder para atesorar las ganancias? Es algo que diría un alfeñique. Una vez me explicaste que esas eran las homilías que los miserables usan para excusar su miseria. El sufrimiento no aumenta la felicidad. El miedo no es ninguna bendición. La satisfacción es válida en sí misma". Me miró con enorme satisfacción, encantado con mi perspicacia y con la manera en la que mis palabras reflejaban su propia sabiduría. "¿Cuál fue el fallo de mi imperio, Match? ¿Por qué me derrocó Ghaul?". Percibí que no querría oír mi primera respuesta: porque los alienados y los ofendidos por sus reformas cosmopolitas se habían unido a sus espaldas. "¿Porque no temías a la muerte, majestad?". "¡Exacto! Abrí los brazos para acoger a todas mis gentes. Les ofrecí consumo sin límite y celebración sin fin. Las estrellas brillaban cálidas y límpidas, y me olvidé… de que hasta las estrellas mueren". Se inclinó más hacia mí. Noté un calor parecido al de un horno bajo su piel falsa. "Tienes razón. Los que son realmente felices no necesitan miseria y sufrimiento para dar significado a su vida. Existen en el momento, en paz con su inevitable muerte. Ahora que he aceptado que todo esto terminará… ¡vuelve a tener sentido, Match! Tengo MÁS que el resto del universo. ¡He visto lo que se avecina! ¡Conozco el valor de cada uno de los momentos que nos quedan!". Me sonrió. Sus blancos dientes abrieron la hendidura de su rostro. "Y quiero que tú también valores esos momentos, Match. No sé... si hay algo que quieres decirme. Algo que cambiaría el resto de tu vida. Pero no te equivoques: el final se acerca, será pronto, y luego no tendrás la ocasión de corregir lo que lamentes. Así que, ¿por qué retrasarlo? ¿Por qué no decírmelo?". No recuerdo qué excusa puse para huir.