VI - MANO A MANO
San-14 y Lord Shaxx estaban juntos fuera de El Tanque de Éter, el establecimiento de la Araña en el distrito elixni. Estaban equipados con una armadura completa y un arsenal para el combate cuerpo a cuerpo. Shaxx desenfundó su pistola y confirmó que el cargador estaba lleno. San se quedó mirando la entrada del bar y giró lentamente el tambor de su cañón de mano con un metódico clic, clic, clic.
Se miraron y asintieron a la vez. Estaban preparados para los problemas.
Cuando los titanes atravesaron las puertas de la taberna, toda la gente se quedó helada. Los guardianes se alzaban por encima de los clientes que estaban sentados, con las cabezas cubiertas con cascos cual rostros inexpresivos de la muerte. Rodearon lentamente el perímetro de la sala, moviéndose en direcciones opuestas, optimizando sus campos de tiro, priorizando sus objetivos.
Los humanos de la sala se arrastraron lentamente hacia la salida y se adentraron en la noche tras alejarse de la puerta. Los elixni dirigieron sus numerosas manos hacia los fusiles de detención y las lanzas de arco.
Hubo un momento de silencio antes de la llegada de la tormenta.
* * *
Poco después, el lugar era un auténtico caos. Los elixni yacían esparcidos por el suelo y los escorias se escondían detrás de la barra.
En el centro del desastre, tres inmundicias se enfrentaron a San-14, cuyo puño crepitaba con energía de arco. Los inmundicias se acercaron en fila, cogidos de la mano para formar una cadena. Entonces, lenta y solemnemente, los dos inmundicias de los extremos extendieron la mano al unísono y agarraron el puño de San.
Las vendas de tela de los inmundicias chisporrotearon y las lentes de sus cascos resplandecieron cuando el arco las atravesó. Sin embargo, no rompieron el contacto, manteniendo el circuito intacto.
Desde una mesa cercana, la potente voz de Shaxx contó: "¡Siete, ocho, nueve, diez!".
San disminuyó su Luz y los inmundicias se tambalearon hacia atrás. Hubo un momento de silencio antes de que Shaxx dijera: "Y los ganadores son… ¡los hojaesquife!".
Halsiks, un vándalo al servicio del guardián, saltó a los brazos de los inmundicias y los cuatro rebotaron con júbilo. Un elixni tumbado en el suelo levantó débilmente sus brazos superiores en señal de celebración.
"La siguiente ronda", continuó Shaxx, "corre a cargo del gran titán, el Rey Violeta… ¡San!".
San-14 asintió de mala gana hacia el escoria, que estaba detrás de la barra y miraba por encima del borde con aprensión. Todos los elixni que aún podían caminar no tardaron en asaltar la barra para tomar un brebaje a costa del titán.
Halsiks se acercó a San y repiqueteó juguetonamente con los dedos sobre su peto metálico. Tocó con un complejo polirritmo y charló con entusiasmo.
"Sí, de nada", contestó San con dureza. "¡Pero no te acostumbres! No volveré a caer en la misma trampa".
"¡El día de hoy pasará a la historia!", declaró Shaxx, dándole una palmada en la espalda a San. "¡El día en el que el héroe de los Seis Frentes fue superado por tres inmundicias y ocho litros de matarratas!".
San refunfuñó. "Por eso prefiero las palomas a la gente", murmuró.