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V- AMENAZA CREÍBLE

Cuervo se apoyó en un taburete de madera en el oscuro interior de El Tanque de Éter, escuchando los húmedos ronquidos de la Araña mientras se adormecía en su asiento. Eran las primeras horas de la mañana y el distrito elixni estaba tranquilo, aparte del murmullo de varios guardias elixni y del zumbido eléctrico de los estridentes letreros de la Araña. Cuervo se había colado sin problemas en el bar vacío. Cuervo había clavado cuidadosamente un cuchillo en el taburete de al lado, perfectamente colocado para que la Araña lo viera cuando se despertara. La Araña tosió suavemente. Cuervo miró al enorme elixni, respiró con calma y lo vio como lo que era: alguien que dormía solo en una ciudad llena de enemigos. Miró el interior del bar, decorado con los restos que la Araña había conseguido traer tras huir de la Costa hacia la seguridad de la Última Ciudad, donde ahora sobrevivía solo con la caridad del Nómada y de Mithrax. Cuervo sacudió la cabeza con una sonrisa y sacó el cuchillo del taburete antes de meterlo en la funda. Estaba en el umbral de la puerta cuando oyó un chisporroteo detrás de él. Glint se materializó en el aire. "¿Qué estás haciendo?", siseó Cuervo, pero el Espectro ya se estaba acercando a la Araña. "¡Eh!", gritó Glint, y la Araña se despertó resoplando. Glint intensificó sus luces con un brillo deslumbrante y se cernió agresivamente sobre el rostro de la Araña. El elixni retrocedió y levantó los brazos, pero Glint se interpuso entre ellos como una abeja furiosa. "Puede que Cuervo sea demasiado bueno para enviar un mensaje", gritó, "¡pero yo no!". "¿Qué…?", consiguió decir la Araña antes de estallar en un confuso ataque de tos. "Te estamos vigilando", gruñó Glint, con la voz temblorosa por la tensión. "Y si te pasas de la raya, ya verás; ¡yo mismo me encargaré de ti!". La Araña recuperó el aliento y se quedó inmóvil mientras el pequeño Espectro revoloteaba furiosamente ante él. "¡Ni se te ocurra!". Glint se precipitó hacia delante y golpeó la máscara facial de la Araña con un golpe seco. "¡Maldito seas!". Cuervo se tapó la boca mientras Glint propinaba otro ridículo golpe. El elixni parpadeó, demasiado sorprendido para reaccionar. "¡Olvídalo!", gritó Glint, con la voz quebrada. Hizo girar su carcasa de forma desafiante antes de teletransportarse y sumergir a la Araña en la oscuridad una vez más. *** Cuervo seguía riendo mientras la pareja se acercaba al ascensor de la Torre. Glint se quedó suspendido en el aire tímidamente. "Lo siento", dijo Glint. "Supongo que no era necesario hacer eso". "En realidad", respondió Cuervo, acercándose para acariciar la carcasa de su amigo, "creo que sí".