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II - JURISDICCIÓN

"¿Y si Mara exige su extradición?", Ikora cruzó los brazos en la espalda y arqueó una ceja hacia Zavala. Los líderes de la Vanguardia se encontraban recluidos en el despacho de Zavala: una escueta misiva de Petra Venj era motivo de desacuerdo entre ellos. "Entonces la recibiremos con amabilidad", respondió el comandante con una sonrisa irónica. "Pero sospecho que la atención de Mara está en otra parte". "Tal vez necesite un recordatorio", dijo Ikora despreocupadamente. "Nos daría la protección política para actuar". "Así es", Zavala frunció el ceño. "Pero, aunque lo echáramos, no me convence enviarlo de vuelta al Arrecife". Ikora rio con frialdad. "Un destino peor que la muerte. Solo puedo imaginar lo que las técnidas le tienen reservado". "Además", dijo el comandante, "entregar a un solicitante de asilo a los insomnes provocaría innecesariamente a los elixni". Intentó mantener un tono despreocupado, pero la voz le traicionó en cuanto sintió que empezaba a formarse el germen de una discusión. "Es cierto", Ikora se encogió de hombros, "pero la simple presencia de la Araña en la Ciudad es una provocación. Ya viste lo que pasó cuando llegó la Casa de la Luz. Todo ese odio injustificado". Zavala emitió un gruñido en señal de reconocimiento. "En el caso de la Araña, la ira estaría totalmente justificada", insistió Ikora, tratando de adelantarse a la inevitable objeción de Zavala. "Daría a los críticos del reasentamiento elixni mucha munición nueva y haría retroceder lo conseguido en un año en lo que a relaciones se refiere. Y apenas acabamos de estabilizarnos". "Tienes razón", admitió. "La Araña trae más problemas que beneficios". Ikora suspiró. "Si tengo razón, ¿por qué tengo la sensación de que vas a plantarme cara?". Zavala sonrió con suavidad. Se conocían demasiado bien. "Por dos razones", respondió. "Primero, la Araña es una especie de… enlace cultural entre los elixni y la humanidad. Acogió a los guardianes cuando la mayor parte de la Costa era todavía zona de guerra". "¿Así justificas su colección de carcasas de Espectros? ¿Como un intercambio cultural?", Ikora arrugó la nariz con desagrado. "Para mí, eso es un punto en contra". "Y para mí también", respondió Zavala. "Pero tenemos que aceptar a los elixni tal como son. Con sus defectos y todo. Si vamos a vivir con ellos, tenemos que entenderlos. Y nadie entiende mejor a ambas partes que la Araña". "¿Y segundo?", apremió Ikora. "Nunca sabemos quién puede convertirse en aliado". Zavala señaló en dirección al distrito elixni, abajo. "El número de guardianes que Mithrax ha matado a lo largo de los años…", negó con la cabeza antes de terminar la frase. "Pero ahora Mithrax lucha por la Última Ciudad como si fuera su hogar", continuó, girándose hacia Ikora. "Era inimaginable hace una década, pero así es. Y en Eido veo la primera esperanza real de paz colectiva en mi vida. No solo un alto el fuego, sino la paz de verdad". Zavala se encogió de hombros. "En uno o dos siglos, quién sabe en qué se convertirá la Araña". Ikora entrecerró los ojos y apretó los labios en señal de firme desaprobación. Zavala sonrió para sí mismo, a sabiendas de que había ganado.