La lengua es la condena
"Incluso aquí persisten los susurros.
Livianos, pero presentes".
(Extracto de la versión traducida de "Escritos y observaciones de la Costa Enredada: un texto de los caídos" de C.C. LaGrange)
Escoria caído en desgracia, abandonado a las garras de la muerte. Un pirata olvidado que había emprendido un viaje hacia la redención. Su tripulación se había desplazado a la luna en busca de éter, pero no hallaron más que muerte. Así, se vio solo.
Hiraks, el menudo. Hiraks, el tímido, el débil, se había perdido en las profundidades de la Boca del Infierno. Un saqueador solitario en un abismo yermo rodeado únicamente de seres inertes. El modo en que logró sobrevivir es algo que se desconoce, una historia que solo el propio Hiraks sabe.
En ese secreto reside su fuerza.
El mediocre, enclenque y patético Hiraks salió de aquel infierno transformado en alguien totalmente nuevo. Todavía caído. Todavía solo. Pero cambiado por todo lo que había visto y aprendido. Su mente se había abierto, se había marchado sin rumbo a través de pesadillas que jamás habría imaginado.
Algunos dicen que se pasó todo el tiempo oculto entre las sombras de aquella tierra cruel, explorando los misterios de la tumba del mundo. Otros sugieren que se quedó observando un santuario colmado de odio y encontró la verdad en los horrores indescriptibles que se susurraban desde el abismo.
Lo cierto es que solo Hiraks conoce la verdad. Una verdad tan simple como desconcertante: sí. Sí, lo hizo. Escudriñó la tumba, escuchó los susurros. Era el único modo en que lo que vino después pudiera haber acontecido.
Que un escoria inferior se alzara de entre la mugre hasta convertirse en un barón ya era algo bastante extraordinario en sí, pero que un caído cualquiera consiguiera abrirse paso entre los estratos del entendimiento que obstruyen el universo tal y como lo conocemos desde el Plano Ascendente era más que improbable. Era imposible.
Hasta que dejó de serlo.
Hiraks logró lo que pocos habían conseguido. Creó su propio mundo trono y dio comienzo a una monstruosa misión para expandir su conocimiento, derrocando a sus enemigos con las verdades más duras. Su labor continúa con desenfreno.
Los niños no se atreven a pronunciar su nombre cuando cuentan historias de la Némesis Perturbadora. Paladines y corsarios ansían derramar su sangre por la masacre de Gaspra.
Hiraks, el perverso. Hiraks, el ascendente. El Doblegamentes cuya mejor arma es la lengua, cuyos experimentos tratan de desenmarañar la cordura y remodelar la imaginación para que sus sujetos se conviertan en otros; herramientas de su vil mandato.
Y así, las advertencias se propagan…
Cuando el caído que habla la lengua de los condenados llama, haz lo posible por no escuchar, pues si sus palabras te atrapan, sucumbirás, y su antítesis te sustituirá.
Entonces, al igual que aquel escoria caído enclenque y patético… tú también conocerás la oscuridad.
Tú también sentirás la soledad.