VI. Entendimiento
Ikora Rey entró al cuartel general de la Secta Guerra Futura. Tenía aires de iglesia, silenciosa y solemne, pero esa atmósfera de santidad quedaba anulada por la intrusión de tecnología vex. Los cables trepaban como enredaderas hacia el techo y todo estaba impregnado de un leve olor a ozono. En medio de la sala, reclinada en un asiento que recordaba tanto a un trono como a un quirófano, estaba Lakshmi-2 con el rostro oculto bajo un casco conectado a la maraña de cables que ascendía hacia las alturas.
Los estudiosos de la Secta se movían de un lado a otro con la cabeza gacha, mirando con recelo a Ikora. Cuando la hechicera avanzó por la sala, uno de los devotos alzó un dedo pidiendo silencio y paciencia. Ikora entrecerró los ojos. El devoto susurró a un pequeño micrófono que había junto al dispositivo. El zumbido había pasado casi inadvertido, pero, cuando se apagó, el silencio abrumó a Ikora.
Lakshmi se reclinó, seguramente, para orientarse de nuevo en la línea temporal presente. "Dejadnos", dijo sin abrir los ojos. "Continuaremos a las 14:25". Los subordinados abandonaron la sala, fingiendo que Ikora era invisible.
Lakshmi, finalmente, abrió los ojos y los clavó en la hechicera. "Supongo que has venido para negociar".
"No". El tono de Ikora era sereno y frío. "He venido para advertirte, a título personal".
"¿Advertirme?", dijo Lakshmi en tono burlón, su voz era fina.
"Si hay más incidentes por culpa de tus provocaciones, yo misma me encargaré de encontrar una luna remota y gélida en la que abandonarte".
Lakshmi soltó un chasquido. "Solo las mentes pequeñas entienden las profecías como provocaciones". Se puso de pie y se alisó las vestiduras.
"La certeza ante lo desconocido es el origen del fanatismo". Ikora lanzó una mirada al Dispositivo. "Y de la locura. De eso no hay duda".
"Sin embargo, sigues aquí. Ven, Ikora, todavía no has visto lo que tengo". Lakshmi señaló el Dispositivo. "Están atacando el distrito Botza por segunda vez. San-14 está acorralado por los disparos. Y tú…", se interrumpió brevemente, "pidiendo auxilio a gritos por radio".
"¿Cuántas de tus profecías han quedado en agua de borrajas, Lakshmi?", espetó Ikora. "Ojalá pudieras oírte y darte cuenta de lo aterrada que pareces".
"Tantos años estudiando con Osiris y sigues siendo así de ingenua", respondió Lakshmi.
Ikora, furiosa, se acercó a la líder de la Secta. "Déjate de tonterías o sufrirás las consecuencias. ¿Entendido?".
Lakshmi no se inmutó y sus ojos artificiales brillaron. "Entendido".
Ikora retrocedió y respiró profundamente para contener la rabia. "Pues no tengo más que decir". Se dio la vuelta y se alejó con un paso decidido.
Mientras salía, Ikora se preguntó si acababa de cumplir alguna profecía y, de ser así, ¿era su propia profecía o la de Lakshmi?