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III. Regalos de la Costa

Aunque el contenedor metálico que cargaban pesaba más que ellos, aquellos dos elixni dieron un gran rodeo para evitar a San-14 en su camino hacia el distrito elixni. "Ya ves cómo desconfían de mí", se lamentó San. Amanda Holliday escaneó el contenedor con su tabla de datos, se trataba de un cargamento inesperado de suministros procedente de la Costa Enredada. "No seas quejica", dijo ella, quitándole hierro al asunto. "Convivir con otros es bueno para el alma". "¡Yo convivo!", protestó San. "Pero a los caídos no les gusta mi compañía, y el sentimiento es mutuo". "Quizá por eso Ikora te haya encargado esta tarea", observó Amanda. San llevaba el casco, pero Amanda pudo sentir que él ponía los ojos en blanco a modo de respuesta. Otros dos elixni se acercaron con otro contenedor. Uno de ellos reparó en la presencia de San cuando ya lo tenía delante y se tambaleó asustado. El contenedor se le resbaló, cayó al suelo y los cierres de seguridad saltaron. Un joven elixni, vestido con los colores de la Casa de la Luz y con el cordón azul y naranja de la Vanguardia, se agitó asustado. San suspiró. "No pasa nada", le dijo al elixni. "Seguramente, la Araña enviará más excedentes de la Casa del Anochecer. Le encanta que traigáis los suministros de nuestros enemigos". Con una mano, arrastró el contenedor y lo echó a un lado. Luego, se agachó para reparar los cierres de seguridad. Amanda escaneó el contenedor dañado y el joven elixni se acercó. Miró a San con recelo y alzó un fajo de papeles a modo de escudo. "Manifiesto", tartamudeó. "Gracias", dijo Amanda con sincera amabilidad. Tecleó algo en su tabla de datos y añadió: "Lo tengo en formato digital". "Lo tienes en formato digital", repitió el elixni. Se movió inquieto unos instantes y, luego, alzó la credencial que llevaba en su cordón, en la que se leía: "Temporal". Amanda sonrió. "¿Qué es eso?". "Autorización para descargar suministros de la Costa Enredada. Suministros enviados por la Araña", dijo. Se inclinó lentamente, mirando con prudencia a San y a Amanda. "Mis caballeros", añadió con disimulo. Amanda se rio abruptamente y San, sobresaltado, soltó un cierre que se rompió en sus manos. San los miró. "¿Podéis hacer menos ruido?". "Venga", protestó Amanda con desenfado. "No veo que intentes practicar tu elixni y este pobre se está esforzando". Amanda miró al elixni. "No se dice así, pero hablas muy bien nuestro idioma", dijo. "Gracias", respondió el elixni, claramente dispuesto a entablar conversación. "¿Todos los humanos sirven al Kelaraña?". "¿Servir a la Araña?", dijo Amanda con desdén. "La Araña es un…", las enérgicas palabras que siguieron no eran aptas para niños. El elixni se quedó helado, sorprendido por su tono, pero sin entender aquellas palabras. Amanda se calmó y suspiró. "Esa es nuestra forma de decir que es un tipo muy generoso", explicó y el elixni asintió. "Este cierre se ha roto por culpa de las distracciones", declaró San poniéndose en pie. Levantó la tapa, echó un vistazo al interior y sacó una bobina de tubos de goma. "Conectores de sirviente, filtros, circuladores de éter…". El titán parecía confuso. "¿Todo bien?", preguntó Amanda. "Sí, desde luego", murmuró San. Luego, se agachó para recoger un pequeño cilindro dorado del que colgaban unos cables trenzados de color zafiro. "Este respirador vale más que mi nave". Amanda se acercó a San para echar un vistazo. Identificó algunos objetos esenciales para la supervivencia: blindajes de cerámica concentrada, destiladores de vapor, conectores de generador… Pero, entre esos tubos y filtros, había tesoros de otros mundos: una esfera de nanomalla llena de un gel rosado, un separador de conductos de cromo con blindaje entrópico, un ópalo reluciente que espumeaba en un nido de delicadas esponjas de color lavanda… "¿A qué diablos está jugando la Araña?", se preguntó Amanda. "¿Son todos así?", le preguntó al elixni. "Sí. Todos vienen muy llenos. Llenos de delicias de nuestra cultura, de nuestro hogar. Estamos muy gracias". Ladeó la cabeza y emitió un chasquido. "¿Agradecidos?". Amanda asintió. "Déjame ver ese manifiesto", dijo y cogió los papeles de la mano del elixni. Él asintió y volvió con los demás trabajadores. "Seguirán necesitando muchos de nuestros recursos para poder vivir aquí", observó San dejando cuidadosamente el contenedor, "pero esto simplificará las cosas. Me sorprende que la Araña sea tan generoso, aun tratándose de su propia gente". Amanda fruncía el ceño mientras examinaba el manifiesto. "Esto no tiene lógica", declaró. "Hay una nota al margen: 'No sé qué es la mitad de lo que hay aquí, pero, si lo tenía la Araña, debe de ser bueno'. Está escrito a mano y no se ha detallado el precio de nada". San miró los papeles por encima del hombro de Amanda. "Los contenedores vienen del almacén de la Araña", observó. "Si no lo ha enviado él, entonces, ¿quién?". "¡Fíjate en esta lista!", continuó Amanda. "En este objeto pone: 'Los mejores filtros de osmosis (los tenía escondidos en su cajón)'. Este otro objeto está marcado con una línea de interrogantes. Aquí hay uno marcado como 'similar a un reloj'. Aquí pone: 'Cubo ruidoso. Huele fatal, pero a todos les encanta'. ¿Y esta firma qué es?". Amanda entrecerró los ojos para examinar el garabato que había al final del informe. "¿Es una… nave?", preguntó entregando el papel a San. El titán examinó el dibujo. "¡Ajá!", exclamó señalando el papel. "¡Mira, es el pájaro!". Amanda volvió a mirar las líneas irregulares de carbón y distinguió un tembloroso pájaro negro. Soltó un suspiro y meneó la cabeza. "Pésimo artista", declaró, "pero no es mal tipo", y se le dibujó una sonrisa en los labios.