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7. El escriba

Eramis y Variks están a la sombra de una ciudad a medio construir. Su gente ha rescatado algunas cosas de los escondites de los elixni del sistema y los ha atado a las ruinas de unas instalaciones de la Edad de Oro, construyendo algo nuevo a partir de algo viejo. Carne elixni en los huesos del fracaso humano, en la gélida tundra de Europa. Ella observa el rostro de Variks y él alza la vista. Hay algo familiar ahí. Un asombro que le recuerda a un pasado lejano. "Será un nuevo Riis", dice alzando la vista hacia el andamiaje ante ellos. "Un nuevo hogar para nuestra gente. Se acabaron las huidas y vivir en las afueras". Variks finalmente mira a Eramis a los ojos. "Pero ¿y los Demonios?". Habla en lengua elixni y eso la sorprende. "Deja los viejos nombres y las viejas costumbres en el pasado", dice ella con desdén. Tal como ella recuerda, Variks no permite que su asombro se interponga en el camino del pragmatismo. Su mirada es analítica. "¿Y por qué este lugar? ¿Por qué esta luna congelada?". "La vi en un sueño". Ella siente su escepticismo y no lo culpa. Desde la fuga de la prisión, él se ha estado escondiendo en algún rincón olvidado del sistema, esperando a que llegara el momento del juicio. Le dio la libertad a su gente, pero se construyó una celda para sí mismo. Él no puede ver más allá de lo que cree saber. "¿Y por qué me has llamado?", pregunta él. Hay dureza en su voz. "Después de todo. No somos aliados, Eramis". "Las viejas costumbres", repite ella. "Para que los elixni sobrevivan, debemos abandonar los recuerdos que nos dividen. Las riñas insignificantes, los asuntos políticos de las casas… Quiero empezar de cero". Mira de nuevo al andamiaje. "Este será un nuevo mundo, Variks. Nuevas ideas. Nuevas historias. Seremos conocidos y recordados como algo nuevo". Variks la sigue con la mirada. Su voz se ha suavizado. "¿Y por qué yo?". Eramis se gira para mirarlo. Él todavía le tiene miedo, se nota en su lenguaje corporal: cómo encorva los hombros, cómo gira la cara hacia un lado, como si mirarla de frente le hiciera daño en los ojos. "En el nuevo mundo, voy a necesitar un escriba", dice ella.