The Grimoire Archive
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5. La pesadilla

A medida que disuelve los antiguos lazos de la Casa de los Demonios, unas terribles pesadillas atormentan a Eramis. En una de ellas, revive lo ocurrido en la Grieta del Crepúsculo. Se abalanza para clavarle una espada en el vientre a un guardián y resopla al verlo desmoronarse. Otro guardián se lanza hacia ella antes de que pueda sacarle la espada al primero. Pero, entonces, oye el sonido de un fusil voltaico tras ella. Se inclina hacia la derecha y el disparo pasa rozándola, matando al guardián que iba a golpearla. Se gira y ve a Kridis, envuelta en el brillo púrpura del vacío que le confiere el sirviente que la protege. Kridis hace un gesto con la cabeza a Eramis y sigue disparando a las tropas de guardianes. Eramis recupera su espada y sigue avanzando. Están cerca de la ciudad. A su alrededor, se amontonan los guardianes muertos. Están muy cerca. Unos pasos se acercan por detrás a toda prisa, es Filaks. Feroz y sedienta de sangre, grita a Eramis mientras ella ataca a un guardián de espaldas anchas. Eramis se agacha y se aparta deslizándose hacia un lado. Cuando Filaks golpea la cabeza del guardián, Eramis raja con su espada el costado de la bestia. El guardián pierde el equilibrio y ella le da una patada en la cadera que lo envía rodando hacia Filaks. Últimamente Filaks lucha sin armas, solo con las manos. Lo levanta y le parte el cuello. Eramis sigue avanzando. Están muy cerca. Oyen una risotada enloquecida a la derecha. Luego, la estruendosa explosión de un cañón calcinante. Taniks, entre una nube ruidosa de maquinaria, está creando explosiones de tierra, carne y sangre a su alrededor. Y se ríe. Muy cerca. Pero, entonces, ante ella, surge un cegador destello dorado. Ve elixni en llamas, nubes de cenizas y oye un disparo tras otro. Lo único que queda de las víctimas son charcos de luz radiante. El guardián que empuña el arma parece un sol en miniatura. Otro disparo. El Sirviente de Kridis cae. Otro. Kridis cae también. Eramis recuerda haber perdido antes, pero no recuerda nada parecido. No recuerda haber visto a Filaks evaporarse en una nube de ceniza. No recuerda el disparo que recibe en el pecho ni el fuego que se extiende por sus brazos. Tampoco recuerda ni su propio grito… Se despierta con un sobresalto, sin aliento.