3. El traidor
El día de la fuga, Eramis se cura una herida abdominal.
No es letal, al menos, no se lo parece. Ha ganado la batalla en la arena, pero el capitán arrogante le clavó su espada en el costado. Le cortó la vestimenta de Demonio y la sangré brotó de ella como las flores de agua de Riis. A Athrys le encantaban las flores de agua.
Está a punto de quedarse dormida cuando Variks llega a su celda.
"Eramis".
Ella abre los ojos y los entrecierra. A pesar de la herida, se pone en pie demasiado rápido: se marea. Renqueante, avanza hacia la puerta.
"Traidor", dice a modo de saludo.
Variks vacila. Sacude la cabeza y baja la mirada. La puerta que los separa no le impide ver su miedo. Eso la anima.
"Se avecinan cambios", dice él en lengua elixni antes de mirar de reojo a los lados, con miedo y sospecha. Luego, cambia de repente a la torpe lengua común de los guardianes.
"Cambios que Variks traerá, ¿sí? Cambios que Variks dirigirá. Pero Variks también necesita que lo guíen".
Eramis ríe. "¿Quieres que sea tu kell prisionera?".
"No", Variks se estremece. "Variks quiere…".
"Me trae sin cuidado lo que quieras tú, Variks, el 'Leal'", dice. Los que hay en el Presidio son elixni que cambian a la sombra de los barrotes. Se encogen. Pero Eramis ha crecido. Debe demostrarle a Variks que, a pesar del acero que los separa, ella sigue siendo más grande. Y él no es más que un escoria con ínfulas de vándalo. "Si hay justicia en este mundo, algún día te arrancaré los últimos dos brazos y te dejaré morir".
La mirada de Variks se endurece. Se produce un silencio tenso. Finalmente, él dice con una voz fría como el éter: "Luego no digas que Variks no intentó ayudar".
Él se va y Eramis vuelve a sentarse en el suelo de su celda.
Más tarde, ese mismo día, suena una alarma. El celador proyecta un mensaje con la voz de Variks. Las puertas de su celda se abren. Elixni y cabal enloquecidos se abalanzan por el Presidio, sedientos de libertad.