12. EL SEÑUELO
Felwinter y Felspring llevaron a cabo la mayoría de su búsqueda sin ayuda. Así resultaba más fácil. Mejor que nadie más viera cómo los búnkeres de serafín reaccionaban ante él. Mejor para todos.
En un búnker cerca del Cosmódromo en la Antigua Rusia, Felwinter examinó los mapas de las antiguas instalaciones desactivadas de la Edad de Oro en busca de cualquier lugar que pudiera haber albergado a SIVA o investigaciones relacionadas con dicha tecnología. Al mismo tiempo, Felspring descifró y buscó en los registros de comandos antiguos indicios de SIVA. A estas alturas, se movían como un reloj. De manera casi automática.
"Oye", dijo Felwinter. "¿Alguna información sobre la Ubicación 6?".
"Dame las coordenadas", instó Felspring. "Echaré un vistazo".
Instantes después proyectaba una sección de código para que pudiera verla Felwinter. "Centro de investigación", anunció con una nota de esperanza en la voz. "Instalaciones de contención para algo denominado LIRA DE ANFIÓN. ¿Crees que…?".
"Apuesto un brazo a que sí", musitó Felwinter.
Miraban fijamente la pantalla de la consola, que mostraba una pequeña luz roja parpadeando en el mapa junto a la leyenda UBICACIÓN 6.
"Vamos", sentenció Felwinter. "Tenemos que comunicárselo a los demás".
Memorizó el mapa y dio media vuelta para marcharse, pero Felspring le cortó el paso. "Espera", dijo. "Espera un segundo. ¿No te ha parecido demasiado fácil?".
Felwinter echó un vistazo a su alrededor. "Llevamos horas aquí", respondió. "Y son ya años de investigación".
"Cierto", reconoció Felspring. "Pero no nos ha llevado tanto tiempo como descubrir a GÓLEM SIDDHARTA. Ni como huir de él. Comparado con todo eso, esto… es demasiado bueno para ser cierto". Felwinter no dijo nada, así que continuó, casi suplicando: "Después de todo lo ocurrido, ¿por qué lo haría? ¿Por qué nos lo pondría en bandeja sin más?".
"No lo ha hecho", aseguró Felwinter. "Nosotros lo hemos encontrado".
Felspring no se asustaba con facilidad, pero en ese momento lo parecía. "Nos ha dejado encontrarlo, Felwinter. Podría jurarlo".
Felwinter negó con la cabeza. "No, nosotros lo hemos encontrado". Miró a su Espectro. "Si alguien puede hacer que Rasputín colabore con los Señores de Hierro, somos nosotros. Lo conocemos mejor que nadie". Hizo una pausa. "Lo conozco mejor que nadie". Bajó la voz. "No hay más, Felspring. Podríamos cambiarlo todo".
El pequeño punto rojo del mapa parpadeaba incesante, cual baliza.
Permanecieron quietos, mirándose, a la espera. En realidad, no había nada que discutir. Después de tantos años juntos, compartían tanto las dudas como las certezas. Les gustara más o menos.
"A veces deseo que nos hubiésemos quedado en aquella montaña", confesó Felspring. "Sin nadie más".
"Yo también", dijo Felwinter de camino a la puerta. "Pero no lo hicimos".