Cortar
Lo percibes antes de que suceda.
Ya ha sucedido antes. Notas en los huesos que este ser te ha perseguido por todo el universo, como un terror imperturbable que se afana por destruir. Te destruirá a ti. Nos destruirá a todos.
Primero viene la asfixia; luego, el dolor. El dolor no está localizado en ninguna parte, sino todo tu ser y va más allá de ti. Quieres huir, pero las fuerzas opuestas e iguales te empujan en todas las direcciones y te mantienen completamente inmóvil.
Esta vez es ineludible. Vas perdiendo todo lo que eras. Sangras plata en el aire, como si este fuera agua, y observas cómo tu sangre plateada se aleja flotando de tu cuerpo. Vacío, vacío, vacío.
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Soy el Orador que presencia el fin del mundo.
Y, en medio de todo, me veo abrumado por un torrente de imágenes nítidas y estáticas, a veces tan rápidas y constantes que no puedo ver ni oír. El Viajero balbucea y me cuenta todo y nada a la vez, en pesadillas rápidas y vívidas, estereoscópicas. Soy yo mismo y otro a la vez.
Y || estoy atrapado en una telaraña de seda negra, congelado en el silencio aletargador del espacio, || no tengo respuestas.
La caída no es rápida. Ocurre durante semanas y meses: desastres catastróficos, naturales y antinaturales, que arrasan las colonias humanas en todos los planetas || que he creado, que he moldeado; mi trabajo, arrasado ||. Terremotos. Maremotos. Erupciones solares. Ciclones, hundimientos de tierra, lagos explosivos, incendios forestales. Plagas desconocidas e incurables arrasan poblaciones en horas. El agua se vuelve negra con ponzoñas desconocidas || que me meten por la garganta ||. El suelo se abre y engulle ciudades enteras || y estoy enfermo, enfermo, enfermo ||.
Esto ya ha sucedido antes. Había visto en sueños las ciudades que cayeron, ciudades extrañas, arrancadas por un viento tan feroz que arrasó un mundo entero, || y no por mi culpa ||.
Pero esto es diferente. El Viajero no nos ha dejado. Algo nuevo || a medio camino entre el recuerdo, el deseo y el olvido, esta falsa hermana || ha llegado.
Yo || no quiero abandonaros || me dedico a observar videotransmisiones mientras la gente trata de escapar de los planetas exteriores. Las naves del Éxodo arden || como yo arderé || con miles y miles de almas a bordo. Nos reunimos en grupos, asustados, acurrucados, || atrapados, arrinconados y condenados || en los puestos de socorro, esperando, contra toda esperanza.
Intento ayudar en las tareas de socorro, pero mis pensamientos || huye || se vuelven cada vez más dispersos. No puedo || huye || mantener mi propia mente separada || huye || de la del || huye, huye, HUYE || Viajero.
Entonces, de repente, silencio.
Y es el silencio lo que me destroza de verdad.