Despertar
Soy el primer Orador que ve un Espectro.
Por lo que contamos, tras el Colapso, el Viajero se partió a sí mismo en mil pedacitos y los envió al mundo.
Estos trocitos se sienten atraídos como polillas hacia mí y hacia otros como yo. La primera vez que los vi pensé que eran drones de vigilancia, pero de cerca no se parecen en nada a esa antigua tecnología en realidad. La forma en que se mueven parece orgánica y natural. Giran sus carcasas como si estuvieran erizando sus plumas y las lucecitas frontales parpadean como si fueran ojos.
"Somos Espectros", me dijo uno de ellos una vez, flotando sobre mi hombro mientras yo vigilaba la hoguera para cocinar.
"¿Por qué?", le pregunté, cordial, como quien no quiere la cosa. Todos son diferentes, estos Espectros. Muchos de ellos son como niños, curiosos y simpáticos. Y otros están cansados del mundo desde el momento en que nacen.
El Espectro hizo girar sus pétalos plateados mientras lo consideraba. "Porque estamos buscando, supongo".
Esa respuesta me vale. Yo también busco.
Dejo que los pequeños Espectros me sigan y hablamos de cómo era el Viajero antes del Colapso. A ellos les gusta escucharlo, y a mí me gusta recordarlo. En lo más profundo de su núcleo, ellos también recuerdan, creo. Recuerdan un momento en que todos eran uno solo. Aun así, les gusta preguntarme qué me dijo el Viajero, y les cuento todos los sueños que aún alcanzo a recordar. No he soñado desde el Colapso, y esto es casi casi como volver a soñar.
Hoy, al anochecer, una Espectro tímida y callada que se ha quedado a mi lado me pregunta si la seguiré hasta el valle. Aunque debería negarme, parece ilusionada. Y siento curiosidad.
Viajamos durante varias horas. La tierra aquí se está recuperando, no solo del Colapso, sino de la época anterior a este. Los recursos para nuestra colonia son escasos, pero la naturaleza está volviendo y ahora es cruel. Ha estado muriéndose de hambre y confusa durante décadas, fuera de su orden natural, y ahora sufrimos las consecuencias. Los lobos nos roban el ganado. Los osos sarnosos deambulan por el complejo a las tantas de la noche y llaman a nuestras puertas a zarpazos. La tierra está tan cargada del recuerdo del veneno que no dará cosechas.
Nos protegemos de este mundo convaleciente lo mejor que podemos y rara vez salimos de noche, pero me siento atraído por una curiosidad que me sobrepasa.
La Espectro me lleva hasta un granero que tiene el techo hundido. Me pide que espere, escondido, y me dice: "Creo que la asustarás". No entiendo muy bien a qué se refiere.
Me agacho y observo mientras ella se cierne sobre los antiguos restos de una persona, apenas reconocible como algo que una vez estuvo vivo. La Espectro flota nerviosa sobre el cuerpo y luego lo escanea con una luz pálida. Frente a mis ojos, la carne crece sobre esos huesos viejos y esos trapos andrajosos se unen. La persona, una mujer, jadea y se incorpora.
No me lo puedo creer.
La Espectro se acerca a su nueva compañera y le dice algo tranquilizador para reconfortarla. No alcanzo a oírlo. Me siento asombrado... luego celoso... y luego avergonzado.