Sloane: Rompeolas
La subcomandante Sloane estaba con un humor de perros y la pobre Amanda Holliday no tenía ni idea.
Las olas de Titán chocaban implacables contra los enormes puntales de soporte del Mirador de la Sirena. Si las cosas hubiesen sido diferentes, una tripulación estaría allí abajo en ese momento, balanceándose entre las patas gigantescas y trabajando para reparar y estabilizar.
Pero así estaban las cosas.
"No te compliques y añade una viga para reforzar", dijo Amanda.
"Para mí sí es complicado", respondió Sloane. Si bien había construido algunos muros, Amanda tenía una experiencia de ingeniería envidiable a la que recurrir, aunque saltaba a la vista que su fuerte no era enseñar.
El holograma de Amanda sorbió los fideos. "¿Cuánto quieres que aguante?".
"Lo suficiente para sacármelo de la cabeza", contestó Sloane. "Desde que empezó a tambalearse, ni siquiera he tenido tiempo de pensar en la pirámide".
"¡Míralo por el lado bueno!", dijo Amanda. Sloane se acarició el áspero cabello.
"Hazme caso", se quejó Amanda. "Estás en medio de un caos hecho de tecnología de la Edad de Oro en Titán. Seguro que hay por ahí algún engrama con un puente".
Sloane se quedó mirándola sin expresión. Es probable que fuera cierto, pero la subcomandante no tenía tiempo de buscar tecnología perdida.
"¡Construye un rompeolas! Con tetrápodos atornillados a los puntales, o mejor: alguna estructura más adentrada en el mar que rompa las olas antes de que lleguen".
"Si no puedes con el problema cuando lo tienes encima, adelántate y sal a darle duro antes de que llegue. ¡Mira, así!". Amanda se inclinó para hacer algo con el bol de fideos que Sloane, obviamente, no podía ver.
"No estás mirando", dijo Amanda antes de inclinar el bol lo suficiente como para derramar caldo sobre el escritorio. Estalló en carcajadas.
"Voy a colgar", dijo Sloane y, tras despedirse con la mano ante el semblante melodramático de Amanda, Sloane cumplió con lo dicho.
El holograma se desvaneció y dejó a Sloane en la oscuridad. Se quedó allí un buen rato.