Cerca II
"No", dice Mara, lo cual es una mentira contada con verdad.
"¿Entiendes lo que has hecho? ¿Has calculado todo el coste?".
Ha convencido a decenas de miles de insomnes de que abandonen su inmortalidad. Ha privado al Distributario de una infinita cantidad de alegría, compañerismo, trabajo y descubrimiento: todas las obras que podrían ser realizadas por la gente que se unirá a ella en su misión a otro mundo. Cuando yace despierta por la noche, embargada por la ansiedad, trata de llevar la cuenta de dichas pérdidas en la cabeza, pero es demasiado grande y se convierte en una cosa informe que la acecha por los senderos de sus huesos como el crujido de una onda gravitatoria.
"Algunos infinitos son más grandes que otros", le dice a su antigua capitana. "Creo… que estamos aquí por un motivo, y esta es la manera de cumplir ese propósito".
"¿Y cuánto estás dispuesta a sacrificar? ¿A tu madre? ¿A tu hermano? ¿Son los insomnes personas de verdad para ti?". Alis se inclina sobre su mano inmovilizada, feroz como una víbora a punto de atacar. "¿Crees que mi gente nació para morir por ti?".
"No por mí. Por nuestro propósito. Por nuestro destino".
"Por un hogar que hemos abandonado. Está en la carta, Mara. El documento de la Navespira que…", y hasta Alis Li se hunde en el silencio al abordar uno de los misterios primordiales, su recuerdo de la creación, "que dio forma a la… la manera en que creé este universo".
"Tú fuiste la primera", reconoce Mara. "La primera de aquí que estableció las reglas".
Alis Li suelta su mano y vuelve a derrumbarse sobre el asiento. "¿Para qué has venido, Mara?".
Para contarte la verdad, por fin. "Para pedirte la ayuda que me debes".
"Por fin". Alis suspira. "Bueno, sabía que llegaría el día. Creo que me alegraré de quitarme este peso de encima. Me pedirás que te apoye con tu misión, ¿no? Que la primera reina les diga a todos id con Mara, despertad de este sueño y luchad por vuestro hogar. ¿Eso es todo?".
"No", dice Mara, con el corazón en la garganta y los nervios azotando su estómago. No puedes mantener un secreto tapado durante siglos como una botella de vino para luego descorcharlo sin ceremonia alguna. "La ayuda que te pido es tu perdón".
Y entonces explica la verdad. Le cuenta a Alis Li lo que hizo: la decisión que habría tenido que tomar Alis Li si Mara no hubiese tomado antes la suya. Es solo una extensión de lo que Alis ha deducido ya.
Cuando termina, la anciana mandíbula de la capitana tiembla. Sus manos son presa de la agitación. Se cuela un lamento entre sus dientes apretados. La mujer más anciana del mundo evoca todo el dolor que haya sentido nunca, y sigue siendo insuficiente para igualar el crimen de Mara.
"Eres el diablo", susurra Alis Li. "Recuerdo que… en una de las antiguas lenguas, Mara significa muerte. Oh, ni aposta. Es perfecto".
Se ríe un rato. Mara cierra los ojos y espera.
"No sé si te das cuenta…", dice Alis Li, respirando fuerte, "de que esto es lo peor que se ha hecho nunca. Peor que robar a miles de personas del cielo. Peor que aquello de lo que huimos, antes de ser insomnes…".
"Por favor", le ruega Mara. "Por favor, no digas eso".
Alis Li se levanta de la silla. "Apoyaré a tu flota", dice. "Usaré todos los favores y contactos que tenga para completar tus Cascos y hacerlos pasar por la entrada… y lo haré para que salgas de este mundo cuanto antes. Lo haré por odio hacia ti; lo haré para que todo lo bueno y grandioso que logremos aquí te sea negado para siempre, víbora. No hay perdón. ¿Me entiendes? Es imperdonable. Vete. ¡Vete!".
"Te agradecería que no se lo contaras a mi madre", dice Mara.
Alis Li arroja la jarra de té de mora sobre Mara, se da la vuelta, entra y la deja retomar su caminata, mojada y pegajosa pero con la cabeza alta, de vuelta a su nave. Se deja el parasol manchado de té en la cubierta, pero cuando se acuerda y mira atrás, ya no está.