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Segunda familia

Ay, Devrim. ¿Acaso hay alguien que conozca a Devrim y no lo adore? Siempre atento a los demás y ayudando a todo el que lo necesita. Me crucé con él varias veces después de volver a la Villa. Solía pasarse de vez en cuando para ver si todo iba bien y asegurarse de que estábamos perfectamente; hasta nos sentamos a tomar té algunas veces. Un alma sincera y bondadosa. Hace falta más gente como él, sin duda. Hablamos en muchas ocasiones sobre la guerra e intentó convencerme por todos los medios de que me armara. "Ya has visto lo que hay ahí fuera", me solía decir, como si se me hubiera olvidado. Discutimos sobre ello en repetidas ocasiones. Yo le argumentaba que mis tareas no precisaban de enfrentamientos físicos y que era algo que buscaba a propósito. Mi mejor manera de contribuir era otra, y no pensaba cambiar. Recuerdo una conversación en concreto en la que Devrim estuvo de lo más insistente. "¡Eva!", terminó diciendo, probablemente más alto de lo que pretendía. Cuando me miró a los ojos, su mirada se mostraba apremiante, casi furiosa. "No estamos ante una situación hipotética. Ya has tenido que defenderte en el pasado; lo lógico es que vuelvas a tener que hacerlo. Los cabal no van a rendirse y no son nuestra única amenaza. Mira que saber todo esto y ni siquiera intentar protegerte… Menuda irresponsabilidad". Sí, he tenido que defenderme; y sí, me pareció horrible. "Devrim", comencé con voz suave pero firme, "la guerra, las armas, el caos… Prefiero no ser partícipe. Ya he visto suficiente. Si vuelven a por mí, y sé que es probable, pues que así sea. Prefiero participar en las curaciones, en la reconstrucción. ¿Acaso eso no nos hace falta?". El bueno de Devrim paró al fin de suplicarme, aunque nunca dejó de visitarme, claro. Viejas costumbres, como suele decirse. No obstante, cuando por fin regresé a la Torre, ¿qué creéis que me aguardaba? El festival de la Aurora acababa de comenzar, y la administración me había guardado un paquete. En el interior había una preciosa pistola de diseño ornamentado y colorido clásico junto a una nota. Era de Devrim, cómo no. Al principio me indigné: ¡después de tantas discusiones!… Me entraron ganas de deshacerme de ella sin más. No obstante, leí la nota. "Querida Eva: Me dio mucha pena enterarme de que dejabas la Villa después de todo, pero me alegra saber que estarás rodeada de buenos amigos. Por ello, y ante la atmósfera festiva de la Aurora, he querido hacerte este regalo. Esta arma ha pasado por mi familia a lo largo de generaciones. Es una reliquia de la familia Kay, así que, antes de que te deshagas de ella, has de saber que no dispara. He pensado que podía tratarse de un bonito término medio y espero que lo aceptes. Espero que te cuiden bien en la Torre, amiga. Devrim". Leí la nota un par de veces más, y luego la plegué y me la guardé en el bolsillo. Volví a contemplar la preciosa reliquia —un símbolo de amistad, de familia— y reflexioné sobre el hecho de que, a pesar de todo, había conseguido volver a descubrir ambas cosas. --- Dulce caballeroso: Mezcla caña de éter y sabor perfecto, añade esencia de la Aurora y luego hornea.