Cosmogiro IV
Ella lo recuerda todo acerca del momento en que nació.
Ha salido de la Yang Liwei para morir a la luz de las estrellas. No soporta que nadie vea su miedo, su impresión ante la escala de la destrucción o su pena por los miles de millones de almas muriendo en la oscuridad alrededor del sol. No puede mezclarse con el resto de la tripulación mientras se aferran unos a otros y se susurran consuelos al oído; ni siquiera con su madre. No puede rendirse a su misterio.
Así que salta del casco con cincuenta kilómetros de cable.
Pero no hay luz estelar en la que morir. La oscuridad es absoluta. Las ondas gravitatorias tiran de su cuerda, arrastrándola hacia la Yang y luego arrojándola lejos. Al rato, siente otra vibración en la cuerda. "Hermana", transmite el cable. "Voy a salir a por ti".
Hermano, piensa ella, te perderás tratando de seguirme.
La voz de la capitana Li se impone sobre las interferencias, estirada en un balbuceo y luego comprimida en un agudo chillido. Picos de radiación dura atraviesan sus palabras como balas, salpicando fonemas en inquietantes artefactos de compresión. "Aquí la nave interestelar Yang Liwei a la entidad que interactúa con nosotros. No estamos involucrados en tu disputa con los poderes que rodean a esta estrella. Estamos en una misión para comenzar una nueva vida en otra parte. Nuestro propósito es ortogonal al tuyo. Solicitamos tu indiferencia…".
El cable de Mara tiembla con el progreso de Uldwyn. Lo sostiene en una mano y alarga la otra, aferrándose al vacío, sintiendo cómo las mareas de espacio roto tiran de las yemas de sus dedos. Siente que la nada de su alrededor no es indiferente; que es consciente de todos los propósitos, y de que su propio propósito los abarca todos. Es infinitamente hostil porque debe serlo.
De pronto, como si el vacío de su alrededor hubiera detonado en un espontáneo big bang, ve luz.
Un punto de blanco puro brilla en la distancia cósmica. No es solo una luminancia visible (su traje descompone el espectro), sino luz en las bandas de radio, en microonda, intenso ultravioleta, un pico de gamma, una radiación total y exhaustiva. Que canta. Habla. Su voz es más vieja que los soles. A Mara le parece que podría hacer un análisis de Fourier de la voz durante un siglo y nunca la descompondría en sus partes. Es impresionante, espantoso y desgarradoramente real. Mara entiende cómo deben de sentirse los que mueren en accidentes de radiación: un solo destello de poder invisible da al traste con todos los futuros posibles menos uno. Ella siente que su propia alma se ha ionizado, que ha estallado en un estado de energía superior.
La luz atraviesa la oscuridad. No como la salida del sol, no como una pared o una inundación, sino como un único rayo crepuscular, un dedo de resplandor que se estira a través de la más profunda noche para tocarla. Ilumina a Mara, Uldwyn y la Yang Liwei.
No es suficiente. No puede vencer la sombra.
Así pues, Mara se encuentra a la deriva en el borde de la Luz y la Oscuridad, en el gradiente de anochecer y amanecer que está entre las dos.
Percibe la competición. Una batalla librada, un equilibrio alcanzado: no una tregua, sino un límite infinito, como una ecuación dividiendo por cero, una colisión de dos eternidades violentas. Mara se pone en contacto con la Yang Liwei por la telemetría y su sensorio se llena con el grito aterrado de los instrumentos gravitacionales. Ella también brama, un sonido salvaje, eufórico y perdido: un lobo aullando a las estrellas. Sabe lo que está pasando. Se ha juntado demasiado poder aquí. El universo está consternado por la paradoja. No se puede permitir que escape nada que haya vislumbrado esta colisión de infinitudes. El cosmos debe censurar su vergüenza. Debe confiscar la anomalía.
La pendiente del espacio-tiempo combado a su alrededor se ha vuelto demasiado escarpada, y ahora todo camino hacia delante o hacia atrás gira de nuevo al centro donde chocan la Luz y la Oscuridad. La definición de "futuro" se ha vuelto sinónima de la definición de "interior". Por eso se le llama horizonte de sucesos: para un objeto en el horizonte, el camino de todas las cosas futuras que puedan hacerse o verse conduce inevitablemente hacia el centro. Todos los sucesos llevan al interior.
Alrededor de Mara se está formando una singularidad. Un kugelblitz: un agujero negro creado mediante la concentración de energía pura.
"¡Mara", grita Uldwyn. "¡Mara, estás demasiado lejos!".
Mara piensa en la cara de su madre. Oye a Osana decir: "No puedo vigilarte como lo haría una madre". "Yo también tengo que tomar mis decisiones".
Activa la instrucción de desacoplar del cable.
La gravedad la agarra. Cae hacia delante en el espacio y el tiempo, en el futuro, en el misterio. La Yang Liwei está detrás de ella. Uldwyn está detrás de ella. Ella quiere ser la primera.