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Cadena de almas

Variks admiraba su obra maestra, la cadena de sirvientes improvisada que habría de revelar por fin los secretos de su fanático antiguo amigo. Por desgracia, Fikrul se negaba a hablar del pasado, solo quería hablar del futuro. O de Uldren, su "padre" insomne, que lo salvó al borde de la muerte y despertó en él un poder nunca visto antes en los elixni. Un poder sobre la propia muerte. Un poder para rehacer a su pueblo y prosperar en un universo de Luz y Oscuridad que los había abandonado y los había dejado despreciados. Variks conocía demasiado bien estos sentimientos. Era aquí, en las catacumbas más profundas del Presidio de los Ancianos, donde él prosperaba, donde él también trabajaba por reconstruir a los elixni. Este era su hogar ahora, este lugar de trabajo donde era libre de explorar el "potencial" de los presos para sacar alguna ventaja en el futuro. El alimento para gusanos de médula esmeralda de la colmena, los virus prismáticos de los vex, las longitudes de onda de los desolladores psiónicos; todos estos secretos habían sido desentrañados dentro de estas salas húmedas y oscuras, intercambiados entre las redes de Variks por otros secretos, o utilizados en armas para los insomnes. Pero los secretos de la… mutación de Fikrul… se le escapaban. El poder que contenía era evidente. Por el suelo estaba desparramada la prueba de su potencia, así como demasiadas noches de fracaso: sirvientes centinela destrozados, decenas de escorias deshechos, todos ellos reclamados de los bloques de celdas superiores para ser sus "ayudantes". Fuera lo que fuese este frío cóctel antinatural que corría por dentro de Fikrul, no podía ser transferido ni ingerido como el éter que su gente necesitaba para mantener sus desgraciadas vidas. Variks estaba ya más que dispuesto a rendirse, enviar a Fikrul a la arena para enfrentarse a Cayde-6 y poner fin al legado de los barones renegados; hasta que un día, durante las rondas de Variks, Uldren le habló de improviso. Había una lucidez en los ojos del príncipe rechazado, una claridad que no existía ni antes de que desapareciera sobre los anillos de Saturno. Uldren dio a Variks una… nueva perspectiva. Y por tanto, la cadena. Era una apuesta peligrosa, mezclar la sangre contaminada de Fikrul con éter tradicional. Estos sirvientes tenían un setenta por ciento de las propias reservas de éter de Variks. Si esto fallaba… bueno, no sería la primera vez que Variks lo arriesgaba todo y perdía. Variks tiró de la palanca. El zumbido de la cadena de sirvientes fue in crescendo, pero lo único que oía él era el eco persistente de la venenosa pregunta de Uldren: ¿Sabes dónde reside tu verdadera lealtad, Variks? Pero si funcionaba, quizá Fikrul podría curarse. Quizá, si Variks estaba en lo cierto y la corrupción de Fikrul tenía relación con la aflicción del príncipe, Uldren también podría curarse. Variks se lo había contado a Petra, pero ella se negaba a escuchar. "No experimentarás con el príncipe". "Nuestro príncipe está enfermo. Mantenerlo aquí... oculto a los ojos de los insomnes... no está bien". "He tomado una decisión, Variks". Variks flexionó sus dedos. "Petra, la leal", espetó. "Puede que los murmullos de Kamala Rior sean ciertos, ¿no?" Petra estalló. "Yo me ocupo de Uldren. Tú... no lo tocarás". Se giró con celeridad antes de marcharse a grandes zancadas. Variks no la había visto desde entonces. Él dedicó todo su tiempo a la cadena de sirvientes, y a sus propios pensamientos.