La chispa
Variks, siempre leal, hizo tal como ordenó Petra: el acceso al bloque de celdas inferior estaba reservado estrictamente al alcaide y a la comandante regente. Por desgracia, eso significaba que hasta las tareas más bajas quedaban a su cargo. Reparto de comida. Eliminación de residuos. Entre los ocho barones y el príncipe insomne, sus nuevos quehaceres le dejaban poco tiempo para el Juicio.
Tres veces al día, visitaba el bloque. Y tres veces al día, tenía que inventarse excusas para justificar ante el destacamento local de corsarios por qué el nivel INFERIOR de la prisión era ahora inaccesible. Proliferaban los rumores. Se sabía que Petra y Cayde-6 habían llevado a algún prisionero misterioso muy importante, un prisionero humanoide, nada menos, lo cual era una primicia para el Presidio de los Ancianos, si eran ciertos los rumores. Pero Variks aseguró a todos los que se atrevían a preguntar que el Juicio de los barones repudiados era un proceso delicado que debía ser dirigido en privado.
La propia Petra no ayudó a sofocar la creciente inquietud. A ella no se le daba del todo bien el arte de la confidencialidad, y todos lo sabían. Respondía a cualquier pregunta audaz con un áspero "No es de tu incumbencia", lo cual equivalía en la práctica a confirmar que alguna versión de los rumores era cierta. Ojalá se hubiera aficionado a su formación como técnida; ojalá hubiera aprendido más de la reina.
Cada vez que Variks hacía una de sus rondas, se planteaba dar a conocer al príncipe su lealtad; y cada vez se abstuvo en cuanto fue testigo de los… desvaríos del príncipe. Hoy no era diferente. Allí estaba Uldren sentado, con los codos sobre las rodillas, la mirada fija en el mismo rincón oscuro de la celda, el rostro oculto bajo su largo pelo negro, aparentemente sin contacto con nada.
"Ya veo… Sí, eso está bien, muy bien.
Más escuchar y asintir.
"Entonces eso es lo que haremos. Y mira, hermana, él ya está aquí".
Uldren se sumió en el silencio, relajándose visiblemente. Tras un momento, volvió la mirada por encima del hombro y por la portilla para cruzarse con los ojos de Variks.
"Alteza" graznó Variks.
"Variks, el Leal". Uldren sonrió de satisfacción. "Variks, la Chispa. ¿Tenías algo que decirme, o te conformas con hacer de cuervo espía?". Y ahí estaba otra vez; ese paso fugaz de una negra oscuridad que apaga por un momento el brillo de los ojos de Uldren. Así que Variks no dijo nada. Ya fuese porque estaba paralizado por el terror o simplemente porque no le salían las palabras apropiadas, no podía decir nada.
Uldren se acercó, se puso un dedo en los labios y habló en voz baja: "Tengo un secreto para ti, Variks. Sé que quieres oírlo".
Variks contestó asintiendo con la cabeza en un único, lento y levísimo movimiento.
"Tu kell vive", susurró Uldren. Se acercó un poco más e hizo la única pregunta que Variks nunca había sido capaz de contestar: "¿Sabes dónde reside tu VERDADERA lealtad, Variks?"
.Uldren no esperó la respuesta. Sus ojos se lanzaron casi inmediatamente por encima de su hombro, hacia la esquina sombría que se había convertido en su obsesión.
"Claro que podemos confiar en él, querida hermana. Es el más leal…"