The Grimoire Archive
Grimorio Rastreador Libros

Revolución

La explosión de sirvientes sacó de pronto a Variks de la atracción de las palabras del príncipe. Trató de moverse rápidamente, pero un dedo del pie se le quedó atrapado torpemente en la rejilla de la pasarela y cayó al suelo de bruces. Levantó la cabeza y vio tirados a los sirvientes de extracción, destrozados y sin vida, siseando mientras los vapores de éter se dispersaban por el aire. Variks se levantó, moviéndose con cuidado, inseguro de quién o qué podría estar suelto. Comprobó todos los cierres de la celda de Fikrul, luego reunió el suficiente valor para mirar por la portilla. Fikrul no estaba afectado. Más bien, se le veía más fuerte que antes. Se quedó allí de pie, con una mirada de odio y una sonrisa malévola en la cara. "¿Notas mi éter… algo amargo?", refunfuñó. Ciertamente, Variks podía ver que había algo raro con este éter. Era más oscuro, contaminado con algo que no podía identificar. Se apretó los cierres herméticos de la máscara mientras examinaba los restos de los sirvientes, temiendo que hubiesen extraído algo tóxico de Fikrul. Se movía a través del gas neblinoso como si fuera agua. No se disipaba como el tradicional; no, persistía, pesado y opaco. Variks retrocedió a la celda de Fikrul. Activó el micrófono de transmisión. "Fikrul, asaalii akisoriks", dijo furioso, usando la alta lengua del Juicio, con la esperanza de que Fikrul respetara aún la ley más antigua. "Ah, Variks. Te aferras al Juicio como la Lluvia se aferró a las mentiras". Fikrul espetó sus palabras como harían los sin casa. "Eres un sin casa. Eres basura. ¿Es esto lo que has hecho con Kaliks, entregar al último primario a los poseídos? ¿Es esa la sangre que ahora respiras?". "¡Ja! Todavía crees que tengo a Kaliks. Necio. Kaliks nos abandonó. Pero mi éter… Es cierto que Fikrul ya no está esclavizado al éter de las máquinas. Por la gracia del padre insomne, he evolucionado". Variks volvió atrás la mirada a la celda del príncipe, aún abierta. El padre insomne… Variks se acercó al príncipe a paso lento. A cada paso, lo oía más claro. Vio ahora a Uldren sentarse, asentir con la cabeza, escuchar, escudriñar en las sombras algo invisible. Era el vivo retrato de la demencia malévola. El príncipe habló. "Sí, hermana. Ya lo veo. El ejército de malditos que me prometiste…".