Reunión
"Alteza…". Variks no podía evitar usar el título. Como un acto reflejo.
Al mirar a los ojos del príncipe, vio una sombra fugaz de oscuridad danzar frente a su habitual fulgor dorado y etéreo. Variks volvió la mirada a Petra.
"Petra Venj… No… no lo entiendo".
"Ya lo sé. Es… Tiene algo raro, Variks. Está… loco. Enciérralo. Clausura todo el bloque de celdas. Que no entre nadie más que tú y yo. No se lo cuentes a nadie. Por lo que concierne al sistema, Uldren Sov murió en Saturno".
Variks miró a Cayde en busca de respuestas, pero el exo solo se llevó las manos a la cabeza en actitud defensiva.
"A mí no me mires. El príncipe Caralarga y Fikrul eran uña y carne cuando los encontramos. Hice lo que pude por no pegarles un tiro en la cara a ninguno de ellos".
Petra asintió con la cabeza hacia la que era ahora la celda real, y Variks, con solo un ápice de vacilación, cerró la ventanilla, dejando encerrado al príncipe Uldren en el interior.
"Ah, Variks", dijo Cayde, suave como de costumbre. "Avísame si Fikrul aparece algún día por la arena. Él y yo tenemos una conversación pendiente".
"Por supuesto. Por supuesto". Variks notó que los ojos de Petra observaron un poco más de la cuenta la celda del príncipe. Podía ver que estaba preocupada, incluso avergonzada. Petra vio la expresión de Variks y recobró la compostura inmediatamente, con la espada recta, la auténtica Ira. Cruzó con él la mirada. Él podía ver su preocupación, su vergüenza.
"Variks. Amigo mío". ¿Era ternura lo que oía Variks en la voz de Petra? "Ha cambiado. Sus ojos…". Se detuvo. Volvió a comenzar de nuevo. "Si habla, no lo escuches. Dice mentiras. Mentiras terribles". Y, con eso, se marchó, con Cayde detrás. Las puertas del bloque de celdas se cerraron detrás de ellos.
Variks permaneció allí un buen rato, demasiado. Por primera vez en su vida, no sabía cuál debía ser su siguiente paso.
Petra Venj y Uldren Sov se habían admirado mutuamente desde hacía mucho tiempo; había cierta naturalidad en el ambiente cuando estaban juntos, y un afecto profundo no verbal. Cuando los dos unían fuerzas en el campo de batalla, eran hábiles, eficaces y peligrosos. La suya era una danza de la muerte, y pobre del enemigo que los encontrara en combate abierto.
Variks se preguntaba por qué crímenes habría de juzgar Petra a Uldren. Mientras reabría la celda del príncipe, se preguntaba si Petra lo juzgaría a ÉL.
Variks se arrodilló ante Uldren. "Te dábamos por muerto. Pero ahora estás bajo mi cuidado". Sus brazos tocaron con cuidado al insomne, firmes pero con delicadeza.
Uldren pestañeó y miró hacia él; o, más bien, sus ojos dorados miraron más allá de él. Variks miró por encima del hombro, solo por asegurarse. Naturalmente, no había nadie.
"Hermana…", dijo Uldren con voz ronca bajo sus labios secos y agrietados. "¿Qué será ahora de nosotros?"