Dos celdas
Petra eran pedía no una, sino dos celdas. Variks decidió ingerir mucho más éter que la ración que tenía asignada. Quizá Cayde había encontrado al fin a Fikrul; por si acaso, Variks adoptó una pose de fortaleza y seguridad.
Sus zancadas eran largas y lentas mientras dejaba que el éter recorriera los sacos de su cuerpo, su postura se iba haciendo más alta e imponente a cada paso. En lo alto del ala de máxima seguridad, sus manos se movían sobre los controles. Preparó las dos celdas vacías y ordenó que acudieran sirvientes de extracción, todo mientras se regodeaba en la idea del juicio de Fikrul. Al terminar, dio un paso atrás y esperó.
Gruñendo, gritando, los prisioneros entraron en el ala. A uno, un elixni, Petra lo arrojó con fuerza en una de las dos celdas criogénicas. El caído se derrumbó, débil, y Petra cerró a cal y canto la puerta de la celda.
Variks estaba más que complacido de ver caído en desgracia al corpulento Fikrul, el cordón umbilical de los barones repudiados, su antiguo cómplice conspirador de confianza y gran traidor, furioso ahora mientras los sirvientes de extracción se activaban con zumbidos y despojaban al herético arconte de su valioso éter. Variks y Fikrul se miraron atentamente a los ojos; siglos de historia pasaron entre ellos en tan solo un instante.
Fikrul se rio.
Impertérrito, Variks se apartó mientras Cayde arrastraba una andrajosa figura humanoide; llevaba la cabeza cubierta con un saco y no se le veía la cara. Cayde le quitó bruscamente la capucha y tiró al humanoide, un insomne, a la celda abierta.
"¡Quédate ahí!", le ordenó Cayde como si fuera un perro.
Tendido sobre pies y manos, el extraño levantó la mirada a sus captores para revelar un familiar revoltijo de pelo negro cual cuervo, piel azul y penetrantes ojos amarillos.
"Variks…".
Era la cara de Uldren Sov, hermano de la reina, príncipe de los insomnes y heredero del Arrecife.