Lirio
"¿No tienes casa?", preguntó el Nómada mordazmente.
La subcomandante Sloane, que podía estar en muchos otros sitios, levantó la mirada de su ingente colección de informes y pantallas. Había montado su estación de combate en mitad de la nave del Nómada y no parecía que fuera a marcharse pronto. "Estoy ocupada", dijo ella. Su Espectro, que flotaba sobre su hombro izquierdo, asintió. "O ayudas o te marchas".
"Esa es mi frase", se quejó el Nómada, pero acercó una de las sillas más estables y se dejó caer en ella para echar un vistazo a lo que tenía Sloane en la mesa. "¿La colmena?".
"Siempre es la colmena", dijo Sloane con evidente cansancio.
"O los poseídos".
"O los poseídos", coincidió ella, y luego recordó que estaba enfadada con él y frunció el ceño. "¿No ibas a ayudar?".
El Nómada levantó las manos para exagerar una fingida expresión de ingenuidad. "Puede que tenga algo de información".
"Ya", comentó Sloane. "Bueno, pues cuando le apetezca al señor, puede compartirla con una servidora. Creo que deberíamos ocuparnos primero de Xivu Arath. A Savathûn le gusta pensar a largo plazo, y Xivu Arath siempre está dispuesta a pelear. Nos atacará primero, y será mejor no estar ocupados con alguna de las trampas de Savathûn mientras Xivu nos lanza sus espadas".
"Cómo le gustan las espadas, ¿eh?".
"Muy útil". Sloane tamborileó con sus dedos en la desvencijada mesa plegable. "Si Xivu Arath ataca, será difícil detenerla sin que, involuntariamente, aumentemos su poder luchando. Por eso, si encontramos el lugar adecuado, creo que es mejor atacarla a ella primero, antes de que empiece a arrasar con todo".
Interesado pese a sus reticencias, el Nómada entrecerró los ojos mientras inspeccionaba las notas de Sloane: un boceto de un plano a medio acabar del Acorazado en tres dimensiones con varias notas en los márgenes que evaluaban las estructuras de la colmena y los lugares donde era probable que Xivu Arath atacara. La palabra "ESPADAS" estaba subrayada con fuerza. "Para mí, un ataque sorpresa sigue siendo un ataque", dijo el Nómada, a quien empezaba a agradarle la idea de resultar de utilidad.
"Sí, lo es". Sloane suspiró con frustración. "Desde que Eris le amputó su mundo trono, ya no es lo que era, pero no tenemos tiempo para una solución airosa y pacífica. Por eso, creo que es mejor no atacarla a ella directamente, sino a sus objetivos; es decir, descubrir dónde planea atacar e impedir que pueda aprovecharse de las bajas y los tributos acabando primero con ellos. Y, si al final tenemos que enfrentarnos directamente a ella, hay que ser rápidos y contundentes, nada de esas absurdas batallas gloriosas que tanto le gustan". Sloane se encogió de hombros, aunque no parecía particularmente contenta. "Sí, habría que pulirlo, pero algo es algo".
"No es el peor plan que he escuchado", dijo el Nómada con franqueza mientras se mecía en la silla hasta hacerla descansar sobre una sola pata. "¿Crees que todo esto funcionará?".
Sloane lo miró como si quisiera penetrar en su cabeza. El Nómada tenía la sensación de que había conseguido captar toda su atención. "No lo sé", dijo ella. "Pero sé que tendremos que dar lo mejor de nosotros mismos si queremos que funcione. Tú confías en Eris, ¿no?".
"Por supuesto".
Sloane reflexionó sobre ello durante unos instantes. "Entonces funcionará", dijo finalmente.
"Claro", replicó el Nómada, ignorando todos los factores que ni siquiera había nombrado. "Vale, supongo que ya tengo mis deberes. ¿Te vendría bien una lista de lugares donde se ha avistado a la Camada Lúcida?".
"Siempre".