Eléboro
Casi. Demasiado cerca. La forma del cuchillo que la había amenazado se había quedado grabada a fuego en la mente de Sloane; podía verlo incluso ahora, aunque su gravedad no curvaba el tejido de sus ideas como antes.
"Me alegra que hayas vuelto sana y salva", dijo Eris cerca. Demasiado cerca. Sloane se sobresaltó, sorprendida por lo mucho que se había acercado Eris sin que la hubiera oído. "Perderte a estas alturas sería… catastrófico".
Sloane soltó el aire casi en una carcajada. "Tienes un don para la sutileza", dijo para ocultar lo agitada que estaba tras la experiencia de reforjar Quebrantadora de Voluntad.
Eris pareció sonreír unos instantes antes de recuperar su expresión. De tan cerca, pensó Sloane, parecía más pálida de lo normal. Estaba agotada. Contener el Eco le estaba pasando factura. "¿Aún lo oyes?", preguntó Eris.
"Sí", admitió Sloane. Si podía poner en peligro la misión, tenía el deber de reconocerlo. Instantes después, al recordar, su mirada se alejó del hombro de Eris hacia donde colgaba el Eco, agitándose con su propio poder, suspendido por la magia de Eris. "No sé si deberíamos hablar de esto aquí".
"No puede oírnos", se limitó a decir Eris, como si, solo con pensarlo, se hubiera hecho realidad, lo que probablemente fuera verdad. Así era la naturaleza de un mundo trono.
Sloane probó a relajar los hombros, aunque con cautela. Sintió como si fuera a desplomarse con la más mínima brisa que soplara, así que volvió a cuadrarse. "Lo que me ofreció", dijo con brusquedad. "'Un baluarte contra la desesperación'. No tener que temer jamás la derrota, pero eso también sería una derrota".
"Sí", dijo Eris, como un mero eco de la afirmación de Sloane. Su mirada triple era intensa, escrutadora. "Nos sentimos idiotas cuando volvemos a nosotros mismos por las decisiones que casi tomamos. Nos reímos de lo estúpidos que hemos sido. Pues claro que está mal; por supuesto que jamás nos atreveríamos".
A Sloane le sabía la boca a ceniza. "Creo que la propuesta siempre va a estar ahí", dijo. Un inquietante miedo silencioso se había apoderado de ella. "Ahsa me protege, pero ¿y si me despierto un día y simplemente decido saltar al abismo? Ella es mi aliada, mi compañera, pero ¿de qué sirve un ancla si el barco corta las amarras?".
"Entonces, decide no hacerlo, siempre". Eris sonrió suavemente, con empatía. "Es posible que, algún día, puedas entender el valor de dejar el cuchillo donde puedas alcanzarlo, porque sabes que no lo harás. Confía en ti, subcomandante…, Sloane, como yo confío en ti, incluso cuando me exasperas".
"Es mi trabajo", dijo Sloane con la voz quebrada. Sus costillas eran una jaula cuya puerta se había abierto y, de repente, podía volver a entrar el aire.
No había tenido esa prueba lenta y metódica con Ahsa. Había tenido un momento, una oración, y ninguna alternativa. Tal vez Eris no estuviera del todo equivocada. Ese riesgo inconfesable la había salvado.
"Esos sentimientos". Eris seguía mirándola como si estuviera examinándola. "En ese foso. Esos sentimientos no son falsos simplemente porque nos acordemos de ellos más tarde y nos riamos. Recuérdalo".
Sloane lo hará.