III. Recuerdo
La oficina de Zavala está en silencio. Solo se oyen los pequeños péndulos de acero al moverse de un lado a otro chocando entre sí. Rahool le dijo que se trataba de un péndulo de Newton, una antigüedad anterior a la Edad de Oro y que recibe el nombre de una de las mentes científicas más importantes de la humanidad. Ese recuerdo era todo lo que quedaba de toda una vida de trabajo perdida ante el tiempo, consumida por el Colapso y por la Edad Oscura.
Como tantas otras cosas.
Zavala mira por la ventana, inmerso en la vergüenza y la culpa mientras contempla al Viajero calladamente, cuando alguien llama a la puerta.
"Adelante", dice mirando por encima del hombro.
Amanda Holliday entra en la oficina. Está ojerosa y tiene los hombros caídos como bajo un peso invisible. No hay ninguna una pesadilla siguiéndola y, sin embargo, parece atormentada. Zavala está convencido de que él debe de ofrecer el mismo aspecto.
"Hola", dice Amanda en voz baja mientras se acerca al escritorio. Se apoya en él y, como Zavala, mira por la ventana hacia la Ciudad.
Se quedan en silencio mirando cómo los civiles serpentean entre los edificios. El sonido de los péndulos marca el ritmo del tiempo que trascurre.
"La Última Ciudad", murmura Amanda. "Ojalá mi familia hubiera vivido para verla".
"Lo mismo digo", responde Zavala de forma solemne.
"Te habrían caído bien", dice Amanda con una sonrisa triste. "Eran tercos, pero buena gente. Lo dieron todo para asegurarse de que yo llegara a la Ciudad. Eran las personas más valientes que he conocido nunca".
"La devoción inspira valentía", dice Zavala distraídamente. Aparta la vista de la ventana y mira hacia una de las estanterías, donde hay una máscara y agrietada. "La valentía inspira sacrificio. Y el sacrificio…", la voz se le quiebra y no termina la frase.
"… vale la pena por las personas a las que amamos", termina Amanda. "Mis padres no tenían Luz, pero me tenían a mí".
Lo mira a los ojos y en la mirada tiene una luz propia. "No todos podemos vivir para siempre, pero si nos recuerdan, eso ya es un gran logro".
Amanda se ríe y moquea a la vez. "No quería venir a aburrirte con mi parloteo. Lo siento".
"No", responde Zavala con una sonrisa cansada y un suspiro de tristeza. "Quisiera poder devolver el favor".
Se aleja de la ventana y se apoya en el escritorio junto a ella. Observan al Viajero y la Última Ciudad mientras un silencio agradable se instala entre los dos. Los péndulos de su escritorio siguen con sus choques, el eco de una vida vivida hace muchísimo tiempo.