IV. Perdonar u olvidar
"Niik dice que tienes una pregunta en busca de respuesta", dice Mithrax. "Por favor, siéntate".
Amanda asiente y acerca una silla desplegable al fuego. No había vuelto al distrito elixni desde la invasión vex. La luz de las llamas proyecta sombras intermitentes en el cemento agrietado y la ferralla del edificio.
"Sí", dice Amanda en voz baja, "Bueno… es sobre San. Más o menos".
Respira profundamente y continúa: "Todos en la Última Ciudad han oído las historias. De hecho, solíamos llamarlo Triturakells. Y Cuer…", tartamudea intentando evitar el nombre. "Dicen que tu gente también lo llamaba así".
Mithrax asiente con un murmuro ronco y se sienta. Amanda junta las manos, nerviosa.
"¿Cómo lo habéis perdonado?". Su voz es suave, pero sus palabras cortan el aire frío de la noche.
"No todos lo hemos perdonado", responde Mithrax. "Todavía hay algunos en la Casa de la Luz que lo evitan. Aquellos que perdieron a seres queridos a manos de su ira. Aunque él daría la vida por protegerlos, no hay nada que pueda hacer para borrar su dolor".
"Entonces… ¿van a seguir odiándolo para siempre?".
Mithrax exhala en su respirador. "No es posible elegir quién nos perdona y quién no", responde. "Es decisión de los que fueron agraviados. Y es una elección que cada uno debe tomar".
Amanda asiente. "Imaginaba que ibas a decir algo así", señala con tristeza.
Se levante para irse y mira a Mithrax una última vez.
"¿Qué te hizo perdonarlo?".
El Kell de la Luz se acomoda en el respaldo de su silla y mira al fuego como si buscara algo entre las cenizas.
"Porque yo también quiero ser perdonado", dice en voz baja.