V. Arrepentimientos
"Tus arrepentimientos te seguirán, emperatriz".
Las palabras rascan la mente de Caiatl como arena bajo la armadura. La Vanguardia puede quedarse con su despreciable brujería de la colmena. Ella ha jurado derrotar a la pesadilla de Ghaul en un solo combate e incinerar su memoria en la pira de la victoria.
Esa decisión se había convertido en otro arrepentimiento.
Una voz áspera llenó la sala: "¿Me has llamado?".
Saladino Forge entra al puente de la nave insignia. Su guardia de honor lo saluda y se aleja, él se acerca y la saluda con una leve inclinación.
"¿Qué opinas de Eris Morn?", pregunta Caiatl.
Saladino arquea una ceja. "Sufrió horrores que apenas podemos imaginar. Y sobrevivió. Logró salir de ese hoyo oscuro con mucho esfuerzo y volvió a la Torre".
"¿Y qué opinas de su uso de la brujería de la colmena?", pregunta Caiatl con rabia.
"Antes, muchos desconfiaban de ella por eso, pero si no hubiera sido por su… habilidad, la Última Ciudad ya habría sido tomada por la colmena", responde Saladino.
"¿Y eso justifica el uso de un poder tan infame?".
Saladino hace una pausa, dirige la mirada hacia el mirador: a la flota cabal desplegada en forma de barricada alrededor del Leviatán.
"Nadie se opuso tanto a la alianza con tu imperio como yo". Su voz es mesurada, casi introspectiva. "Yo odiaba a los cabal. Ahora, soy parte de tu consejo de guerra".
Sus miradas se encuentran de nuevo. "Tus soldados usan las mismas armas que masacraron guardianes en la Guerra Roja. Pero eso no te convierte en mi enemiga, así como la magia de la colmena no convierte a Eris en la tuya".
Caiatl intercambia una mirada con su guardia de honor. Cuando Saladino se unió a su consejo de guerra, sus soldados lo miraban con recelo y desprecio. Ahora le muestran la consideración y el respeto digno del título de Valus. Ghaul nunca lo habría aprobado.
Pero ella no es Ghaul. Y eso es algo de lo que jamás se arrepentirá.
"Abran un canal con el CLME", ordena. "Tengo cosas de las que hablar con la Vanguardia."