V—Código conciso
Marc aún estaba medio dormido cuando alargó el brazo para apagar el estridente pitido de una transmisión. Canal privado, sin urgencia, encriptación robusta.
"¿Devrim?", dijo con sueño.
"Buenas noches, cariño". El comunicador amplificó el murmullo de Devrim para hacerlo audible. "Estoy esperando a que el psiónico venga a visitarme, pero es un poco tímido. He pensado que tu compañía sería más agradable".
Marc no podía evitar imaginárselo: el ojo solitario y vigilante esperando en la oscuridad. La imagen lo espabiló de repente. "¿Necesitas ayuda?".
"No, no. Solo quería hablar". Se produjo un silencio. "Bueno, oírte hablar a ti".
Marc respiró profundamente. "¿De qué quieres que te hable? ¿Del trabajo? ¿De lo que voy a desayunar?".
La apacible risa de Devrim se confundió con las interferencias. "Puedes decir lo que quieras".
"Bueno…". Marc se levantó de la cama y se puso a andar por la habitación distraídamente. "Supongo que habrás notado que están pasando muchas cosas".
"Sin duda".
"Ayer por la mañana estaba arreglando uno de los generadores cuando los vecinos me arrinconaron". Marc rio en voz baja. "Quieren tener noticias. Están bastante asustados. Les dije que lo único que sabía hacer era reparar cosas, que no tengo línea directa con el Viajero".
A través del comunicador se oyó un zumbido repentino. Marc se preguntó si había inhibidores donde estaba Devrim. Fuera del alcance efectivo.
"En realidad", continuó Marc, "les dije que ahora eras una especie de paladín insomne, y que no tenían nada de qué preocuparse".
Por inútil que fuera el gesto, se acercó a la ventana y observó las calles oscuras que había abajo. Luego miró hacia el cielo encapotado, donde antes estaba el Viajero. "Les dije que Sir Devrim Kay iba a expulsar a la Legión del planeta él solito y a llevar a todo el mundo de vuelta a casa para ponernos a salvo, incluido al Viajero".
Devrim rio con cierta ternura. "¿Va a hacer todo eso?".
"Claro". Marc sonrió para sí mismo.
El silencio se alargó más de la cuenta. Marc apoyó la mano que tenía libre en el alféizar de la ventana. "Devrim…".
El comunicador amortiguó la réplica del fusil, salvo los primeros milisegundos, pero a Marc le pareció escuchar nítidamente el disparo. Contuvo la respiración y empezó a contar los segundos para medir el intervalo de tiempo que transcurrió entre el terrible potencial del disparo y su desenlace final.
Uno.
Dos.
Tres…
Hasta que Devrim habló de nuevo. Hasta que Marc pudo volver a respirar.
Siete.
Ocho.
Nueve.
"Hecho", dijo Devrim.
Y luego puntualizó: "Volveré a casa pronto, Marc".
"Lo sé", dijo Marc.
Se quedó contemplando el horizonte desde la ventana esperando a la señal para cortar la comunicación.