III—Thrysiks
Devrim oyó el esquife atravesar la atmósfera de la Tierra antes de verlo. Desde su posición elevada en el campanario de la iglesia, el ruido de los motores de los caídos era inconfundible.
El avejentado explorador bajó el termo y apagó la tabla de datos, que mostraba los momentos estelares del Crisol de esa semana. Siguió el esquife a través de la mira de su fusil de la Edad de Oro y activó el comunicador.
"A todos los grupos, aquí Devrim. Acabo de ver un esquife entrar en la atmósfera a dos kilómetros al norte de Trostlandia. Parece de la Salvación. ¿Me recibís?".
"Sí, lo veo". La lánguida respuesta de Cuervo delataba un cansancio con el que Devrim también se identificaba. "Parece que se dirige a los restos del punto de control".
A principios de la semana, el guardián había desmantelado un bloqueo de la Legión de las Sombras durante una misión de rescate. La zona estaba llena de piezas de armadura, armas y chatarra, todos artículos codiciados por los carroñeros caídos.
"Creo que es una tripulación de carroñeros de tamaño mediano", continúo Cuervo. "¿Qué opinas?".
Devrim percibió un tono reticente en la voz del cazador.
"Si vienen a por los restos, propongo dejarlos en paz", contestó Devrim. "Pero no bajemos la guardia; no quiero más sorpresas".
"Recibido", respondió Cuervo con perceptible alivio. "Peinaré el perímetro. Te mantendré informado".
***
Media hora más tarde, el comunicador de Devrim volvió a encenderse y el explorador despertó del letargo nervioso e inquieto de esos largos días.
"Ocurre algo, Devrim". Cuervo sonaba intrigado. "Uno de los carroñeros se ha escabullido mientras los demás no miraban; un escoria. Se dirige hacia ti".
"Recibido", contestó Devrim. "Estoy en posición, preparado para cuando llegue".
Devrim se pertrechó tras la mira mientras apuntaba al límite norte del bosque. A los pocos minutos, vio movimiento entre los arbustos.
"Su tripulación acaba de darse cuenta de que no está. El vándalo a cargo se ha puesto como loco. Creo que acabo de aprender nuevas palabras en elixni", dijo el cazador con una risita.
Devrim vio al escoria salir de entre los árboles, quitó el seguro del fusil y apuntó a la cabeza del carroñero, pero algo lo frenó.
"Cuervo, este tipo está… está desarmado", susurró Devrim. "Ha levantado las manos y camina hacia mí".
"Siempre has sido muy popular", dijo Cuervo de broma. "Debe de ser por el acento".
Devrim se asomó por encima del fusil. El escoria lo vio y empezó a parlotear. "Está gritando algo. Escucha".
Devrim guardó silencio para que Cuervo oyera al escoria a través del comunicador.
"Está diciendo: 'Soy Thrysiks. Paz a la Gran Máquina. Honor al kell de la Luz'", tradujo Cuervo. "Está desertando".
Malnutrido y asustado, el escuálido escoria se arrodilló entre los escombros que rodeaban el campanario. Devrim sintió un nudo en la garganta. El escoria le recordaba a los niños atemorizados que combatieron como voluntarios durante la Guerra Roja. El explorador levantó el dedo del gatillo.
"Qué demonios", se dijo a sí mismo con voz emocionada. "Hablemos con el pobre desgraciado".