II—Desempate
"¿Qué, vas a disparar esa cosa?", se quejó Cuervo.
El restallido del proyectil reverberó entre los árboles. Cuervo entornó los ojos hacia el pequeño retoño que le había señalado como blanco. El disparo de Devrim lo había partido por la mitad.
"¡Buena puntería!", dijo Glint con entusiasmo.
Devrim asintió cortésmente al Espectro. Cuervo puso los ojos en blanco con exasperación.
"Bien", dijo Cuervo, ignorando por completo la sonrisa de complacencia de Devrim. "Te queda uno más".
Ambos habían acordado usar esta meseta rocosa para su pequeña competición. Empezaron con muñecos de prueba improvisados, que colocaron a distintas distancias. Poco después, cuando se aburrieron, Glint hizo levitar los blancos en el aire. Al final, decidieron desafiarse el uno al otro alternativamente. Devrim tardaba una eternidad en apuntar, pero aún no había fallado. La eficiencia del hombre era frustrante.
Devrim se bajó de la piedra sobre la que estaba encaramado.
"No sé si eres el mejor tirador que conozco", dijo, "pero donde pones el ojo, pones la bala".
"Eso duele", rio Cuervo. "Intenta escoger algo difícil esta vez, viejales".
Cuervo se agachó mientras se apoyaba el fusil en el hombro. Oyó pasos cercanos sobre la grava y, de repente, tuvo la peculiar sensación de estar adentrándose casi oblicuamente en un viejo recuerdo. El pasado se superponía al presente como un velo: otra colina, otro objetivo.
Cuervo miró de refilón a Devrim, que lo observaba en silencio, pacientemente. Si Cuervo no decía nada al respecto, sospechaba que Devrim tampoco lo haría y ambos podrían continuar con la competición.
"En… mi vida pasada conocí a alguien que nos hubiese puesto las cosas difíciles a los dos. Hacíamos cosas como esta todo el rato". Cuervo sonrió para sí mismo. "Creo que lo echaba de menos".
"Pensaba que el príncipe Uldren no tenía muchos amigos", dijo Devrim. "Pero no eres tan mala compañía, así que tiene sentido".
Cuervo soltó una carcajada. "Lo tomaré como un cumplido".
Devrim se giró hacia la ladera rocosa. "Hay un símbolo de la Casa del Anochecer en ese trozo de metal de allí, al lado de la vieja torre de transmisión".
Cuervo pensó un instante.
"¿El primero que acierte tres disparos consigue dos puntos?".
"¿Aprovechando tus puntos fuertes, Sir Cuervo?". Devrim ya estaba apuntando.
"Hay que divertirse, Sir Kay".