Un trato es un trato
El aire seguía crepitando con el fuego de alma que se desvanecía mientras Ikora y su portaluz se arrodillaban junto a Eris. Una erupción de Luz alumbró el denso humo que tenían detrás y, riéndose, Savathûn resucitó.
"Supongo que me lo merecía", dijo la imponente diosa mientras se frotaba su nueva garganta. Luego inclinó la cabeza lentamente.
"Algo ha cambiado", afirmó con cautela. "No la siento".
Immaru se elevó hasta ponerse al nivel de los ojos de Savathûn. "Tras arrebatarte tus poderes, Eris invocó el mundo trono de Xivu e hizo algo que la separó de él". Luego flotó hasta el hombro de Savathûn mientras miraba a Eris.
"¿La ha desterrado de su propio mundo trono?", dijo Savathûn entre carcajadas, regodeándose mientras se acercaba. "Eris, eres todo un prodigio. ¡Te adoro! ¡Solo he tenido que pincharte un poco para que acabaras con ella!".
Savathûn se agachó mientras contemplaba a Eris, desplomada, con gran curiosidad. "Me sorprende que el uso de todo ese poder no te haya matado", señaló. "Aunque eso explica por qué has regresado a ese terrible cuerpo carnoso tuyo".
Eris se apoyó en uno de sus codos para erguirse. Ikora se acercó para ayudarla a levantarse, pero Eris la rechazó con un gesto. "Hemos cumplido nuestra parte del pacto", exclamó. "Me he ocupado de tu hermana, y tú vives de nuevo".
"Ahora", exigió Eris con un brillo feroz en sus ojos, ahora descubiertos, "dinos cómo seguir al Testigo".
"¿Que os lo diga?". Decepcionada, Savathûn frunció el ceño. "Ya os lo he mostrado".
Ikora se puso de pie de un brinco mientras, a su alrededor, la energía de vacío distorsionaba el aire. Dio un paso calculado hacia Savathûn.
"Se acabaron los trucos, los acertijos, las mentiras que deforman la verdad", dijo con firmeza. "Dínoslo ahora mismo o no tendré motivo para dejarte vivir".
Savathûn se irguió lentamente mientras sonreía a Ikora, desplegando sus alas. "Es posible que Eris haya logrado toda una gesta con la lógica de la espada, pero no he perdido ni un ápice de mi poder". Empezó a flotar, arrastrando sus garras por el suelo, mientras se dirigía hacia la hechicera. "Tal como estás, no puedes detenerme".
Su portaluz apareció junto a Eris.
"Pero yo sí", exclamó.
Savathûn se detuvo un buen rato; su cara osificada resultaba indescifrable.
Al final, suspiró.
"Justo cuando empezabais a impresionarme", dijo cerrando las alas e inclinándose a la altura de Ikora. Immaru se movía con torpeza para mantenerse a su nivel.
"Ambos necesitamos detener al Testigo, y por eso os he dado lo que prometí", explicó lentamente. "Descubriréis que lo tenéis cuando estéis listos. Como dijo Eris, hemos cumplido nuestra parte del trato. No hace falta que montéis un drama".
Ikora apretó los dientes.
Savathûn se encogió de hombros. "Lloriquea todo lo que quieras, Ikora", dijo. "Esto no es un truco. Y, si no confías en mi palabra…". Savathûn miró alrededor del espacio ritual de su mundo trono.
Sus ojos se posaron en Immaru, y ella sonrió. "Quedáoslo".
"¡¿Cómo?!", balbuceó Immaru.
Savathûn lo ignoró. "Quedaos con Immaru, mi leal Espectro, mi conexión con la Luz", continuó mientras se arrodillaba a modo de súplica. "Lo dejo con la Vanguardia por voluntad propia para que, si preferís concederme la muerte final a detener al Testigo…".
Savathûn cerró sus garras formando un puño. "Lo aplastéis", murmuró. "¿Entendido?".
Immaru revoloteó entre Savathûn e Ikora. "¿Es que nadie me va a preguntar a mí?", gritó.
"¡No!", rio Savathûn. "Tienes tus órdenes. Y en cuanto al resto de vosotros", señaló a Ikora, su portaluz y Eris, que se había levantado y se tambaleaba, "no desaprovechéis la oportunidad. El Testigo quiere barrer nuestras piezas del tablero, y estamos disfrutando mucho de la partida".
Savathûn se giró arrastrando las alas como si fuera un vestido de noche e Ikora dio medio paso hacia delante. Su portaluz la alcanzó en un instante. Eris le puso una mano en el hombro a Ikora: no.
"Cuídate, Eris", dijo Savathûn. "Ha sido divertido ver caer tu máscara".
La fogosa carcajada de la reina de las mentiras reverberó por toda la cámara ritual mientras desaparecía por el largo pasillo.