The Grimoire Archive
Grimorio Rastreador Libros

A las puertas | Parte I

Dale a Uldren Sov la oportunidad de atormentar a un guardián y la aprovechará antes de que puedas gritar "Rasputín disparó al Viajero", una opinión que introduce en las mentes de los guardianes siempre que puede. Odia a los tábanos del Viajero como cualquiera odiaría a un bebé semidiós con moralidad de libro de colorear y a un pisapapeles quejica e ignorante; son hipócritas, engreídos, unos instrumentos intrusivos y crueles en un sistema que no necesitan comprender. Eso es lo que más odia: la capacidad para moverse por el mundo sin preocuparse de cómo funciona. Así que ha hecho a los guardianes todo lo imaginable: acribillarlos a tiros, derribarlos, enviarlos a misiones suicidas, zambullir a sus Espectros en el selenofenol más apestoso que existe, taladrar agujeros para enterrar sus deleznables balizas de patrulla en roca sólida, engañarlos para que desmonten armas poderosas… Pero cada vez que se ve envuelto en un tiroteo, se pregunta qué se debe sentir al hacerlo sin ningún miedo. "¡Jolyon!", sisea, mientras el goblin de abajo le lanza otra granada de azote. "Jolyon, ¿dónde estás?". Nada. La detonación de la granada revienta los oídos de Uldren y le mete tanto ozono por los orificios nasales que lo hace estornudar. El goblin dispara al estornudo. Fragmentos vidriosos de arena fundida rebotan en su cobertura y se hacen añicos en explosiones en el aire siseante. Está a trescientos metros cuesta arriba. Los guardianes, los cabal blindados y los impasibles vex pueden luchar a quemarropa; los meros mortales se mantienen rezagados desde donde apenas ven a sus objetivos. Lo que hace temibles a los vex es que se teletransportan. Uldren no está seguro de si en realidad son diez goblins o solo uno el que lo mantiene agazapado. Una bala pasa a su lado.