Capítulo 23
En lo más profundo de la Torre, Immaru improvisaba el prototipo de un torso para su monstruo con restos de miembros de la Horda Decapitada muertos y trozos de calabazas robadas mientras estaba con el miembro de los guardianes. Rellenó las secciones huecas: el brazo izquierdo de un ogro muerto; el derecho se lo arrancó a un lacayo recién formado. Immaru trabajaba bien de noche; empalmaba cables y soldaba, cosía y cortaba.
Por fin estaba listo.
Immaru encendió una corriente a través de los cables e inoculó éter a su creación. El pecho empezó a hincharse como si estuviera respirando. Los ojos emitían un brillo azul y el éter se le derramaba por la boca. El torso del monstruo se irguió y se deslizó dejando un rastro de semillas y carne fibrosa naranja en la mesa. El engendro de la Horda Decapitada fijó su mirada en su creador.
Y luego lo agarró.
El brazo de ogro del monstruo aferró la carcasa de Immaru con todas sus fuerzas y lo acercó hasta su boca mientras el vapor de éter empañaba el ojo del Espectro. Sin previo aviso, la cabeza empezó a agrietarse por las costuras. Al partirse, se desparramó por el suelo, y el torso inerte se desplomó sobre la mesa.