Fanático | Parte I
Lleva callada demasiado tiempo.
Todo el sistema solar gime con las magulladuras de la guerra. Uldren vive en constante sufrimiento, un dolor sordo e insistente que lo lleva al éter y a peores distracciones. Él nunca ha sentido la Luz con tanta fuerza. Nunca ha sentido un dolor tan profundo. ¿Cuántos siglos ha pasado con su hermana? Y qué rápido se ha desintegrado sin ella…
¿Por qué no le habla?
El Arrecife arde a su alrededor. Asteroides destrozados y hábitats rotos esparcen escombros brillantes. No hay nada tan inhóspito y brillante como los restos de la destrucción iluminados por el sol en el vacío. El Arrecife es enorme, gigantesco, pero también es denso, con sus estructuras y su gente reunidas en cúmulos apretados contra la inmensidad del espacio. Oryx y la Legión Roja abrieron grandes agujeros en el Arrecife. Oh, si al menos Uldren le hubiera dicho a Petra que la Legión rota de Trau'ug era un caballo de Troya; pero Uldren no tiene nada que dar a una "regente" que entrega su pueblo al Viajero. Siempre ha querido la aprobación de Mara, la pequeña Petra. Siempre ha querido congraciarse. Pero nunca ha comprendido lo que Mara respeta; nunca ha estado dispuesta a tomar el difícil camino de ganarse la confianza de Mara. Por eso Mara no habla con Petra.
Pero Mara tampoco ha estado hablando con Uldren.
Uldren le da una patada al maltrecho casco de la corbeta. Él y los Reyes han estado asaltando el cinturón de asteroides, expulsando las naves que se dirigían a la Tierra, tratando de desestabilizar aún más el Arrecife. Uldren ha matado a sus propios súbditos, y al principio eso lo dejaba atormentado por la culpa, acurrucado en el austero cuartucho donde duerme. Pero ¿no condujo Mara a la muerte a miles de sus súbditos por un bien superior que seguía siendo una incógnita? ¿No es esto lo mismo?
Siempre estuvo dispuesta a llevar a su gente al altar. Los insomnes son peones en sus designios. De Uldren depende retomarlos.
"¡Mara!", grita a lo alto hacia la luz estelar. Ha llegado demasiado lejos para suplicar ahora. Ha hecho demasiado. Le exige una respuesta: "No estoy enfadado. Te perdono por… por sacrificarte para salvarlos. ¡Pero ahora debes contestarme! ¿Voy por el buen camino? ¿Estoy más cerca de encontrarte?".
Tiene a la Casa de los Reyes como aliados. Sus incursiones en el Arrecife han obligado a Petra a retirarse, a consolidar fuerzas, a centrarse en proteger a sus ciudadanos en lugar de colaborar con los guardianes. Pero ¿está él más cerca de Mara? ¿Ha… puede confiar en sí mismo para hacer esto?
Lo único que quería era sorprender a Mara. Hacer que recalculara sus planes.
Pero lo ayudaría mucho saber que ella previó algo de esto, estar seguro de que va bien encaminado…
"¡Mara!", grita, parpadeando contra el dolor persistente de su ojo derecho. "Hermana, ¿es que me has abandonado?".
¡Algo le responde!