Tras la caída
Ella ya no está. Él ahora vive en un estado de perpetua aprensión. Odia el futuro, porque lo teme; teme su vacío, y no puede imaginarse una eternidad solitaria sin ella. Al acercarse tambaleante al borde de un abismo marciano, siente que el fondo lo llama, le suplica que se reúna con ella. Que acabe con todo. El calor del lugar lo empapa de sudor. Lleva a la espalda el chasis muerto de uno de sus viejos drones cuervo y nota que le comprime las costillas, presiona sus pulmones contra el esternón y expulsa el aire que le queda.
Necesita el dron para arreglar su nave. Otra vez. Debe irse de Marte. Debe empezar a buscarla.
El peso del dron cuervo lo hace caer sobre las manos y las rodillas. La vista le da vueltas, estrellas y heraldos brillantes elevándose por el plano de anillos y un muro de luz terrible, y ve el momento en que el Acorazado le arrebató todo, el momento en que su hermana se quedó sin planes secretos para siempre, de forma absoluta y completa. Ese instante en que todo el sonido cesó y él gritó desesperado y aun así, pese a la súplica de su alma de morir con ella, alcanzó el escudo de desviación que le salvó la vida.
Se arrastra hasta que puede descansar a la sombra de un bloque vex muerto.
Se estrelló en las islas Candor, no muy lejos de la puerta del Jardín. El lugar donde vio otro camino para los insomnes. ¿Por qué Mara nunca aceptó su invitación?
La ha estado oyendo. Alucinaciones por la sed, sin duda. Pero está ese zumbido, ese susurro, ese estremecimiento de luz estelar en su cráneo…
Una bandada de drones cuervo encontraron el lugar del accidente y repararon su caza. Iba a medio camino de la velocidad orbital cuando un cañón cabal lo arrancó del cielo e hizo que se estrellara en la cuenca de Hellas. Ahora sus cuervos están muertos y es probable que el caza ya no tenga remedio. Y su hermana ya no está. Su hermana YA NO ESTÁ. Y él la siguió y toda la gente de Uldren la siguió porque todos ellos estaban seguros de que tenía un PLAN, ella siempre tenía un PLAN mejor que simplemente MORIR A MILLARES POR UNA CIUDAD QUE NO IMPORTA A NADIE.
Debería irse a casa. Debería irse a casa. Si logra encontrar un camino. Pero ¿tendrá fuerzas para ello? No puede ser el campeón que ellos amaron. No puede restaurar su fe en el propósito de los insomnes, ni en los designios de su hermana. Él ya no cree.
Ahora este mundo es un cadáver. Las cicatrices del paso de los guardianes. Fortalezas cabal que apestan a putrefacción, sembradas de carne, huesos y armaduras rotas. Los chasis destrozados de vex esparcidos por la arena. Un lugar de muerte, muerte y guerra, una guerra que se inclina en el punto de apoyo del Viajero, provocada por las marionetas de dicho Viajero, ese punto de apoyo de la guerra.
Tiene algo en el ojo. Parpadea y parpadea tratando de quitárselo, y al hacerlo, se esfuerza por oírla, por sentir ese picor de la luz estelar bajo la piel. Ella le dirá que va por el buen camino. Ella le dirá que está viva.
Pero él no siente nada.