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El Leviatán

Sorprendida, Lavinia se da cuenta de que prefiere el centro de operaciones de una nave de guerra insomne a la seguridad de una celda en prisión. Los cabal le causaban terror durante la ocupación y ahora se dispone a entrar en combate contra ellos, pero no tiene miedo. "Esto es muy emocionante", le susurra a la guardia real a su lado mientras la nave se lanza directamente contra el Leviatán cabal. "¿No te lo parece?". La mandíbula de la guardia real tiembla. O está subvocalizando en código o mordiéndose la lengua para no insultar a la invitada de honor de la paladín Kamala Rior. "Tres minutos para la máxima aproximación", anuncia el oficial de vuelo. Oficial de comunicaciones, ¿estado de las emisiones del objetivo?". "El Leviatán nos está iluminando con sensores de puntería. Sin cambios". La paladín Rior saca a Lavinia de su rincón. "Señorita Umr Tawil, venga conmigo a observar los instrumentos". "¿Lo haces mucho?", Lavinia quiere impresionar a la paladín Rior, que la sacó de la cárcel porque, según sus propias palabras: "Todos los cerebros del Arrecife están ocupados pensando en un problema, así que necesito el tuyo para otro". Lavinia no quiere decepcionarla. "Queréis despertar a la bestia con este... ¿desfile aéreo?". "Demostración de fuerza", corrige Kamala. "Tenemos que hacer creer a Calus que estamos preparados para hacerle frente a su nave con nuestra flota. Y si de paso podemos investigar otros misterios, como tu teoría sobre los Nueve, mejor que mejor. Ten. Este es el dispositivo que solicitaste. Mira". Kamala le muestra un panel de vidrio negro, iluminado por un tenue resplandor púrpura que se mueve de izquierda a derecha. Lavinia lo toca, impresionada. "¿Es materia oscura?". "Así es". Hasta los niños saben que la mayor parte de la masa del universo está formada por materia oscura, pero es solo masa y nunca forma estructuras menores que un halo galáctico. La materia oscura no tiene carga, pasa a través de sí misma, nunca se agrupa y carece de propiedades químicas. No es más que polvo. "Si estás en lo cierto...", Kamala toma aire. "En cualquier momento...". "¡Error en el campo de dispersión!", anuncia el oficial de vuelo. "Perturbación menor en la parte delantera. Nos estamos topando con objetos masivos inesperados. No hay contacto en el radar ni en el radar láser". La pantalla negra del detector de materia oscura explota en un frenesí de formas moradas y blancas, como telarañas atrapadas en un aislamiento sensorial durante billones de años. Gruesas cuerdas de materia oscura se entrelazan formando brazos estranguladores que se ramifican de nuevo en miles de diminutos dedos que penetran... ... a través del Leviatán cabal. "Dios mío", jadea Lavinia. "¿Estamos atravesando la materia oscura?" "Correcto". "¿Y no es lo normal? ¿Este nivel de estructura?". "Señorita Tawil", responde Kamala, "ni una sola molécula de materia oscura sería normal. Esto es excesivo hasta la blasfemia. Es imposible". No, piensa Lavinia. Es obra de los Nueve. Están buscando a Calus. Tratan de llegar hasta él. Estas son sus manos... "Se nos debería haber ocurrido utilizar este sensor antes", reflexiona Kamala. "Nuestra reina lo inventó para mejorar la navegación cuando estábamos perdiendo naves cerca de Rea. El escáner de retrodispersión de fotones oscuros. Muy inteligente. Todo lo que hacía terminaba cobrando sentido. Era una visionaria. Nadie más era capaz de tratar con los Nueve de igual a igual, ¿no? Nadie sabrá jamás el bien que les hizo... Nuestra reina de los secretos". "¡Tengo que contactar con la Ciudad!". Lavinia intenta averiguar cómo hacer una captura de pantalla, conseguir una imagen de los Nueve, pero no tiene su tableta. "¡Los encontré!". "Ah... En cuanto a eso...". La mano blindada de Rior se posa sobre su hombro. "El edicto de la Reina me prohíbe también revelar qué sabe el Arrecife sobre los Nueve a individuos sin autorización regia. Así que... Gracias por tu ayuda, señorita Tawil. Llevadla de nuevo a su celda". Si alguien se atreve a llamarla Afortunada de nuevo, Lavinia cree que le pegará un tiro.